Marinabella

Viaje a Cuba con Guillermo Jauregui

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1 de julio de 2005. El viaje de enero se frustró por problemas mecánicos que si bien eran una cosa sencilla, nos demoró la salida dos días y no tenía tiempo de reprogramar la travesía. Por ello en esta ocasión tomé la precaución de enviar a Néstor Nielsen una semana antes para verificar todos los detalles, es decir motor, equipo de navegación, piloto automático, radar, bow trusters, GPS, radio, etc. Además se hizo una recorrida general del barco lo que determinó la conveniencia de sacarlo a dique seco para pintar el fondo con anticaracoles, cambiar la fabricadora de hielo y hacer algunas reparaciones. Ahora se encuentra todo en regla. Hoy llegamos a Miami en vuelos separados pero nos aprestamos a partir a Cuba y sus cayos del norte dentro de dos días.

6 de julio de 2005. Frente a las noticias de mal tiempo decidí la tarde anterior cambiar nuestro rumbo sur oeste con destino a Cuba y dirigirnos a las Bahamas, rumbo oeste donde se vaticinan varios días de buen tiempo. Sin embargo, a la noche del día 5, la subcapitana Svitlana decidió que debíamos ir a Cuba, ya que el barco estaba cargado de regalos, juguetes, golosinas y artículos de escuela para los niños cubanos y debemos darnos nuestro baño anual de socialismo. Pese a que el refrán dice donde manda capitán no manda marinero , este dicho cede ante la existencia de una esposa a bordo...

Partimos pues hacia  Cuba pero sin rumbo cierto pues los informes climáticos nos indican que se está formando un frente de tormenta entre las Islas Vírgenes y Cuba que puede convertirse en huracán. Pensamos, en principio, hacer noche en la Isla Rodríguez y desde allí cruzar directamente  rumbo a La Habana atravesando en diagonal la corriente del Golfo. En horas, de acuerdo a los informes metereológicos, el frente se convirtió en huracán con vientos de 200 km por hora y ráfagas superiores. Avanzaba a una velocidad de 20 millas por hora con rumbo noroeste a La Habana. A las siete de la tarde de hoy, miércoles 6 el tiempo está calmo y el mar hecho una seda aunque navegamos hasta ahora por el Hawk Channel ubicado entre la costa y la línea de arrecifes con una profundidad máxima de 29 pies, cuyo bajo volumen de agua determina que nunca se formen grandes olas. Desde cerca de isla Rodríguez llamé a Nino, nuestro piloto y amigo en La Habana y él nos dijo que el buen tiempo reinaba en la costa norte de Cuba. Por lo tanto decidí seguir directamente hacia a La Habana cruzando la corriente del golfo en forma diagonal. Desde Miami a Rodríguez, con viento de cola, sin corrientes adversas y con aguas calmas hicimos un promedio de 8/9 nudos. Muy rápido para los standares de velocidad de crucero de Marinabella. Durante el cruce del Atlántico el promedio había sido solo de 6 nudos. La distancia entre Rodríguez y la Marina Hemingway es de 145 millas.  Recorridas unas 20 millas en el nuevo rumbo tuve un planteo de la tripulación donde escuché todas las opiniones. Néstor decía que no podríamos mantener la misma velocidad al enfrentar la corriente del golfo que puede llegar a los tres nudos, de manera que no llegaríamos antes de 20 horas de viaje, lo que nos colocaba peligrosamente cerca de la tormenta y que como la entrada a la Marina Hemingway está rodeada de arrecifes, lo que es cierto, si teníamos oleaje de costado no podríamos dominar la embarcación y podíamos irnos contra las piedras. Aconsejaba volver a Miami. El subcapitán Guillermo Jáuregui de cuya coraje no dudo por haberme acompañado en la travesía transatlántica también sostenía que había que cambiar el rumbo aunque proponía alguna marina cercana a Rodríguez o en todo caso Key West. Frente a las disidencias de mis experimentados acompañantes, dije que seguiríamos a La Habana pues el riesgo de enfrentar el temporal era mínimo y que el puerto de La Habana era un buen lugar para guarecerse. Agregué para reforzar mis razones que el deber de un capitán era afrontar las contingencias y si era necesario hundirse con el barco. Escucharon mis palabras Svitlana que se puso más pálida que su piel eslava y Marina, el grumete de 6 años que me dijo sollozando con sus ojos llorosos. Papá por qué nos querés llevar hacia el huracán. Tengo mucho miedo. Las palabras de la niña me convencieron y decidí cambiar otra vez el rumbo hacia Key West. Ya sin corriente en contra navegamos con ritmo veloz y las 3 de la mañana llegamos a Key West. Atracamos en el muelle de combustible pues estaba aún cerrada la Galleon Marina y a las 7 de la mañana nos aferramos a nuestro lugar asignado donde reforzamos las amarras con ocho cabos para aguantar lo que podía venirse.

7 de julio. Estamos pues ANCLAOS EN CAYO HUESO, emulando los versos de Gardel. Tenemos conexión inalámbrica con Internet desde el barco y podemos seguir la evolución del huracán desde los programas meteoreológicos de la marina de USA. Las expectativas son que el huracán llegue entre sábado y domingo, luego de lo cual podríamos seguir rumbo a Cuba. Domino pues mi natural ansiedad escribiendo estas páginas y pensando si debo tomar o no una sanción contra los amotinados en la isla Rodríguez que demandaron en planteo conjunto el cambio de rumbo.

8 de julio.  Ya llegan a Key West las primeras avanzadas de Dennis. El cielo se ha puesto totalmente negro, empiezan a moverse las aguas del puerto y se avecinan fuertes lluvias. Mientras tanto el ojo del huracán está sobre Cuba, llegando dentro de horas a La Habana, como lo demuestran las fotos que siguen.

Imagen de Dennis sobre Cuba el 6-7-05    Imagen igual más avanzado Dennis            Evolución de Dennis hacia la costa

Permaneceremos en Key West por lo menos dos días más.

9 de Julio. El Comité de Emergencias de Key West dió órdenes de evacuar la ciudad a todos los no residentes y de no salir de sus casas, tapiando ventanas y adoptando todas las medidas propias en caso de Huracán. El Huracán Mercenario como ya lo han bautizado en Cuba porque entró por el mismo lugar que la invasión de Bahia de los Cochinos avanzó en la Isla con características de Huracán fuerza 3 y estuvo 10 horas en la provincia de Granma, causando serios daños a Cienfuegos, donde se perdieron más de 14.000 casas y hubo cuatro muertos. La prolongada presencia en la isla lo secó de agua y perdió su fuerza de Huracán 3 para pasar a Huracán 2, pero al entrar de nuevo en las aguas del Caribe al salir de Cuba por Mariel, ávido de sed tomó agua de la corriente del Golfo, reorganizó su imponente fuerza y se convirtió de nuevo en un Huracán mayor pasando a adquirir fuerza 4, con ráfagas de 300 Km. por hora

Por esa razón, hoy en el día de la Patria, nos dieron órdenes de evacuar el barco y alojarnos en un refugio, en una escuela secundaria que está a unas dos millas de la marina. Todas las actividades en Key West han cesado. Parece una ciudad abandonada y cuesta avanzar por sus calles solitarias en medio de la ventisca y la lluvia que golpea la caras con fuerza de cuchillas, provocando dolor en la piel. Llamamos a un taxi para que nos llevara al refugio, le dimos 50 dólares para que esperara mientras empacábamos. Como demoramos mucho, pues era difícil seleccionar que llevábamos y que dejábamos, cuando llegamos a la calle con dificultad, tras recorrer la larga fila de muelles flotantes, mojados y deslizantes con un viento que los bamboleaba y hacía difícil transitar, el auto se había ido y ese era el último taxi que se animó a transitar por lo que nos quedamos sin locomoción. Con ese tiempo, mientras caían ramas y hojas, era difícil recorrer dos millas caminando hasta el refugio. Compadecido de Marina, que parecía un pollito mojado, un empleado del Hyatt que sorprendentemente pasó por allí, nos ofreció alojarnos en una habitación no habilitada, lo que aceptamos. Sin embargo, poco después se cortó la luz por lo que estábamos solo con la iluminación de una linterna.

Por  curiosidad de saber  como estaba el barco yo no aguanté más y me levanté en la oscuridad a las dos de la mañana en lo peor del ciclón y me fuí al barco. Allí prendí el generador y recobré el sentido de la vista. El viento venía del sur y nosotros estábamos amarrados de este a oeste de manera que empujaba fuertemente al barco contra el muelle. Por suerte le habíamos puesto ocho defensas que resistieron muy bien , porque el muelle era flotante y estaba totalmente forrado de goma de manera que no había madera ni cemento que hiciera estallar a los balones que actuaban como amortiguadores frente a los periódicos empujones de la ráfagas de viento huracanado. Pasé las horas del ciclón a bordo, pero había recuperado mi orgullo, pues estaba agobiado por el sentimiento de culpa por haber abandonado la nave pese a mi responsabilidad como capitán tras haber dejado la tripulación a salvo. Como Peter O Toole en Lord Jim, a quien el abandono de su nave lo siguió como una grave carga de conciencia durante toda su vida.

Al amanecer y, tras seis horas que agotaron su furia,  el viento empezó a calmarse. Las primeras luces me mostraron los daños causados por el temporal en las embarcaciones que no estuvieron alojadas en la Marina. Muchos de los veleros que estaban anclados en los canales frente al puerto fueron sacados de sus amarras, pues las anclas no resistieron y encallaron dados vuelta sobre las playas pedregosas de las dos islas que están enfrente a los canales. Marinabella no había sufrido ningún daño salvo la voladura de algunos cojines y la rotura de un toldo sobre la cubierta superior.

Al mediodía fui al Hyatt, donde todavía no habían recuperado la energía e invité a la tripulación a volver al barco pues había cesado la emergencia, lo que hicieron y nos permitió almorzar juntos a bordo. Pasamos la noche a bordo y el día siguiente empezó a revivir la ciudad, abriéndose poco a poco los locales cerrados.

10 de Julio. Bueno, siempre que llovió paró. Por la mañana Svitlana fué a hacer algunas compras al centro mientras nos preparábamos para partir hacia Cuba, pues la llamada que le hicimos a Nino demostró que La Habana había recuperado su tranquilidad. Al llamado de Fidel, de "recuperarse del huracán mercenario que había invadido la isla" cientos de personas juntaron miles de metros cúbicos de ramas, hojas, árboles caídos, restos de construcciones precarias destrozadas. Es notable como los políticos distorsionan hasta los fenómenos de la madre naturaleza. En radio Martí, desde Miami, los "gusanos" decían que los daños del huracán eran culpa de Fidel. Este lo bautizó de "huracán mercenario" en lugar de Dennis como si hubiera sido generado por la "contra". Dos caras de una misma actitud con la falacia propia de los políticos que suelen distorsionar los hechos para articularlos en su propia visión de la realidad o en sus estrategias políticas.. Lo cierto es que los hombres que en el siglo 21 han llegado a la cima del conocimiento, no han logrado dominar todavía ni la fuerza inconmensurables de los huracanes que alojan más energía que miles de bombas, ni la súbita generación de los terremotos, ni la voracidad envolvente de los tornados.

Son las cuatro de la tarde cuando salimos de Galleon Marina rumbo a La Habana. El tiempo está razonablemente bueno con vientos no superiores a 15 millas, aunque esperamos encontrar algunas dificultades en el eje de la corriente del golfo que se mueve a 2 o 3 millas por horas, que deberemos recorrer en contra y debido a las turbulencias que deja el paso del ciclón. Sin embargo, las secuelas de mar agitada se sintieron sólo en las primeras 20 millas de las 95 que nos requiere llegar a la Marina Hemingway. Calculando algunas dificultades pensábamos arribar al puerto cubano a eso de las 10 de la mañana, pero al atravesar el eje de la corriente sin demoras íbamos a llegar a las 4 de la mañana, lo que nos obligó a bajar la marcha a menos de 1400 revoluciones para hacer tiempo y llegar después del amanecer. En esta época del año el sol sale a las 6.50, por lo regulamos la velocidad para llegar a las 7.

11 de julio. A las 7 de la mañana llegamos a Marina Hemingway tras pasar sin dificultades las dos líneas de arrecifes que se vuelve complicado de esquivar cuando hay fuerte oleaje o vientos transversales.

Entraron las habituales inspecciones de manera que no estuvimos liberados del despacho para amarrar en la Marina  hasta las 9 y 30 de la mañana. Encontré varios oficiales de aduana y seguridad ya conocidos tras otras inspecciones que nos contaron que cuando nos vieron con catalejos desde la torre se dijeron: quienes son los locos que vienen en medio del huracán, pues suponían que habíamos pasado el huracán en alta mar y no en Key West.

Como no había otro barco llegando mataron su ocio prolongando más que nunca las inspecciones. El médico revisó los botiquines a ver si llevábamos morfina u otra droga. Vinieron no una, sino dos patrullas con perros. Primero un cocker clarito especialista en narcóticos y luego otro blanquinegro, experto en explosivos, que olfatearon todo, incluyendo la parrilla que los entretuvo bastante pues olía al último asado. Los perros no encontraron drogas a bordo, lo que es una pena pues estimulan su instinto dándoles una ración especial  luego de cada descubrimiento, de manera que los pobres bichos deben haber pasado hambre pues no dejaron que les diéramos ni una salchicha para no hacerlos salir de su misión.

La entrada fue pues más rutinaria que de costumbre. El oficial de Migraciones era un prototipo del burócrata aburrido que hojeaba página por página los sellos de cada pasaporte para ver donde habíamos estado. A Jáuregui  le preguntaron para que había estado en China y le advirtieron que su pasaporte terminaba en diciembre, cosa que él ya sabía. Le dije entonces, molesto por la demora, que tenían que agilizar los trámites pues cuando llegaran 50 o 60 barcos a Cuba, no podrían despachar las naves con esa rutina. Le incomodó mi intervención y siguió con su parsimonioso examen de los papeles confeccionando el mismo las fichas individuales de ingreso. Creó otra dificultad diciendo que como Marina era menor tenían que atestar en su pasaporte que llegaba como hija mía y de Svitlana. Le dije que no lo hiciera pues como Marina es norteamericana no quería que tuviera desde tan pequeña el registro de que había violado las leyes norteamericanos al entrar a Cuba sin permiso especial. Después de una consulta a su superior que lo habilitó para proceder como quisiera, de mal humor mientras decía "no somos tan malos", accedió a no estampar sello ni leyenda en el pasaporte de Marina.

La Marina da pena pues está vacía. El canal uno, donde habitualmente atracamos está cerrado por falta de barcos. Atracamos en un buen lugar donde para nuestra alegría nos esperaba El Indio, un noble personaje que nos hace trabajos en el barco y acerca de cuya personalidad me explayé en viajes anteriores. (ver viaje a Mexico y Cuba). Svitlana le había traído un juego completo de ajuar: sabanas, toallas, alfombras para el baño, manteles con la promesa de que no cambiara otra vez de mujer. Dijo que tenía la misma, lo que dudo, pero lo cierto es que recibió el regalo con satisfacción. Nos contó que le habían robado la bicicleta que le habíamos obsequiado el último viaje. Le traeremos otra en nuestro próximo viaje a Cuba. El Indio nos recuerda siempre con cariño. Guarda aun los dibujos que le hizo Marina y ríe cuando recuerda que Marina le preguntó, si sos el Indio, por qué no tenés pluma. Se dedicó enseguida a lavar la cubierta pues según Svitlana se comprometió a que sería nuestro "esclavo" siempre que estuviéramos aquí. Llegó también Nino. Hice hamburguesas en la parrilla y el Indio se despachó gran cantidad de esas, pese a lo cual continuó su trabajo laboriosamente.

Nino nos confirmó como, lejos de moderarse, continúan más severamente las restricciones a las libertades personales en Cuba. A pesar de que tenía un contrato de trabajo conmigo, hasta hoy los guardia fronteras no han autorizado que se embarque con nosotros para hacer de piloto en nuestro viaje a los cayos del este. Parece que dos pilotos cubanos robaron una embarcación que atendían y se fueron a Miami, por lo que hace un mes que no extienden permiso para embarcarse a ningún piloto cubano. Patricio de la Guardia pidió a sus amigos en el ejército que lo autoricen y estamos pendientes de la gestión. Mañana, si no consigo permiso voy a verlo al embajador argentino Darío Alesandro, que es amigo, para que haga alguna gestión en su favor.

12 de julio. Hoy iremos a Tropicana y la llevaremos a Marina a casa de Nino, para que la cuide y juegue con sus niños .pues ahora no dejan entrar menores  a Tropicana. Esperemos tener hoy una respuesta favorable sobre el permiso de Nino para embarcarse.

13 de Julio. No hubo respuesta con respecto al permiso de Nino. A pesar de que se hicieron algunas gestiones en la Embajada por vía de Julio Lascano y el embajador Dario Alessandro no hubo contestación alguna. Lo cierto en que las gestiones de la embajada las hicieron por la via rutinaria de la oficina argentina en la cancillería cubana. Ambos funcionarios Julio Lascano y Dario Alessandro son nuevos y aún no han logrado desarrollar contactos políticos en el gobierno para poder vencer la verdadera máquina de impedir que es la burocracia cubana. Las gestiones se hicieron formalmente por la via de la oficina argentina, camino que en todas las embajadas sugieren los funcionarios estables de la embajada a los diplomáticos noveles hasta que algunos embajadores logran establecerse con un perfil más influyente en el medio local.  Así me ocurrió a mi cuando me desempeñé como embajador, hasta que en la conferencia oceanográfica de Ginebra pude entender que los canales formales no conducen a ejecutar una labor diplomática eficiente y desarrollé mis canales propios, con mejores resultados que los que sugieren los burócratas de las embajadas. Por la noche fuimos con Svitlana a comer a la residencia del embajador, donde estaba Fernando Braga Menendez, y su esposa con quienes pasamos una amena velada.

14 de Julio. Al día siguiente y por mis propios medios concurrí a la Capitanía del Puerto donde les exhibí el contrato que tenía con Nino y les pedí una inmediata decisión. Les dije que era un amigo y no un enemigo de Cuba, pero que algunas actitudes que se adoptan en el gobierno de Cuba contribuyen a ahuyentar a su propios amigos. Les dije que de todos modos zarparía con o sin Nino, pero que si no se me dejaba que llevase un patrón cubano a bordo y tenía algún siniestro las consecuencias del daño recaerían sobre el gobierno de Cuba. Le dije que quería presentar una queja y me aconsejó hacerla en el Ministerio de Transportes donde había contratado a Nino. Mientras iba al Ministerio de Transportes, el tío de Nino, Patricio de la Guardia, le informó que según los datos que poseía ya se lo había autorizado desde el Ministerio del Interior, aunque el permiso debía recorrer el curso descendente de la burocracia hasta que se lo notificara.

Como no pasaba nada y era ya pasado mediodía fuí al Ministerio de Transporte. Entrevisté a un burócrata de la compañía estatal que provee de prácticos a las embarcaciones. Mi furia ya no conocía límites. Mientras esperaba redacté una nota de protesta diciendo que mi compañía aseguradora no cubría el riesgo en Cuba si no contrataba un práctico para la navegación en zonas azarosas, por lo que responsabilizaba al Ministerio de Transporte de cualquier percance que ocurriera a la nave si por la ausencia de práctico encallaba o sufría otro daño.

Cuando se me presentó alguien como subdirector, le dije que se identificara con nombre y apellido pues no trataría con un engranaje de la maquinaria estatal. Se identificó como Perez de la Nuez. Le comenté los trámites que llevaba haciendo hace 10 días y le dije que quería presentar la nota que llevaba conmigo. No quiso recibirla y le dije que iba acompañado con un abogado (se trataba de Jauregui) y que como el seguro estaba contratado en Europa, le arrojaría la nota a los pies si no la aceptaba y que Jauregui y yo dejarían constancia de tal actitud. Me dijo que estaba en situación de desventaja frente a dos abogados y que ellos se regían por las prácticas cubanas. Le dije que conocía el derecho cubano, pero que en este caso, estaba dispuesto a arrojarle la nota a los pies siguiendo el criterio que autoriza el common law  Me dijo que era poco cortés, por lo que se la dejé sobre el escritorio. Al irme me pidió que la llevara como si se tratara de una bomba que explotaría en su escritorio. Le dije que no y si insistía se la arrojaría a los pies. Salí con expresión de pocos amigos, pero con una gran frustración pues no había podido conseguir el embarque de Nino.

Nino nos fue a despedir y a las 6 de la tarde partimos de la Marina Hemingway con destino a Cayo Cádiz. La inspección no fué tan pesada pues ya habían corrido como reguero de pólvora mis quejas por la burocracia cubana. Trajeron a un solo perro, el especialista en explosivos que no encontró a bordo ni un fósforo. El funcionario cubano queriendo ser amable pues conocía mis protestas me dijo y, Como lo han pasado en La Habana? Que lugares han visitado? Le dije la verdad. Muy msl porque no han autorizado a mi práctico y los lugares que he visitado han sido la Capitanía de Puertos, el Cuartel de Guardiafronteras, el Ministerio de Transportes y la embajada argentina.

Salimos por fin al mar libre, que es el área donde mejor se desenvuelve Marinabella, alejada de los burócratas y de las autoridades de turno.

15 de julio. Navegamos muy bien durante toda la noche. A las siete de la mañana preparamos las cañas  y lanzamos las líneas con dos señuelos y dos ballyhoos.  Pescamos dos wahoos, uno grande y otro chico y dos barracudas. Los preparamos fritos a mediodía.

Antes de llegar a Cadiz, la embarcación entró en un bajo pedregoso pero no varó con toda la superficie del casco. Néstor manejó magníficamente la maniobra y fue retrocediendo poco a poco, conectando la marcha atrás cuando lo permitía el empuje de la ola y en 15 minutos salimos de la varadura, sin daño alguno lo que comprobé al sumergirme con la escafandra de buceo. A las 13 horas fondeamos en la Bahía de Cadiz, donde pasamos el resto de la tarde yendo en el dinghy hasta la playa, cocinando langostas y bañándonos en el mar.

   

Guillermo con nuestro querido amigo El Indio                                Guillermo y un wahoo (peto en Cuba) de la familia del atun

16 de julio. Nos quedamos hasta las 11 de la mañana en Cayo Cádiz. Decidimos retomar el rumbo hacia Cayo Coco y hacer noche en Cayo Francés, pero no llegamos porque había un fuerte viento en contra de 25 millas con ráfagas de 40 millas que obligaron a bajar la velocidad para acompañar mejor el oleaje que provocaba olas de 3 metros. Buscamos refugio del mal tiempo en Cayo Esquivel, donde llegamos a las 14.30 horas. Guillermo había pedido un informe del tiempo al destacamento del Cayo Cádiz por la radio del barco, pero no le contestaron, de manera que resolvimos jugarle una broma, de la que hasta hoy no se ha dado cuenta. Néstor me llevó el radio portátil a la sala y desde allí me comuniqué a la cabina de mando, donde estaba Guillermo, imitando el acento cubano. El diálogo es que sigue (en cursiva el del supuesto guardiafrontera cubana y en negrita Jáuregui) Marinabella, habla Control, que quiere, pase al canal 14. .....Nuestra ruta era hacia Cayo Francés, pero hay mal tiempo y queremos saber si hay algún otro Cayo en el camino donde se pueda echar anclas...... Entendido. Vaya al Cayo Culo. ....Se lo deletreo C-U-L-O....... Sí o bien se escribe también con una T final...... Nos fijaremos en la carta. .....Correcto vayan a Cayo Culo, pero entren hasta el fondo del CULO. ....Comprendido nos fijaremos en la carta y así lo haremos. Cambio y Fuera.

Nosotros, a pesar del oleaje y del mal tiempo, no nos podíamos contener la risa cuando vino Guillermo y muy inocente dijo tenemos que ir hasta el fondo del Cayo Culo y atracar allí.  Mientras Guillermo no me veía, fuí hasta el puente y cambié el nombre del waypoint de  Cayo Esquivel, por el de Cayo Culo, mostrando como preferente lugar de atraque uno al fondo del Culo. Desde entonces, Esquivel será para nosotros cayo Culo. Hasta el momento Guillermo no se enteró de la broma.

17 de Julio. Nos quedamos en Cayo Esquivel, donde pasamos la noche, pues las condiciones climáticas no habían variado y fuertes vientos soplaron durante toda la noche. El fondo es arenoso, pero con vegetación, por lo que la amarra se hizo bien firme y no tuvimos que corregirla durante la noche.

Néstor usó el dinghy para buscar una gorra que se le había volado, pero no lo amarró bien, pues lo llamaban para almorzar. Cuando nos aprestábamos a comer, Svitlana se dió cuenta que el dinghy se había soltado y estaba como a unos 30 metros de Marinabella. Tomé la llave del dinghy, lo que me llevó unos instantes y me zambullí, tratando de alcanzar el dinghy. Sin embargo la fuerte correntada desplazaba rápidamente al dinghy. Temía que se desplazara hacia los arrecifes, pero al ver que no lo alcanzaría, cuando llevaba ya recorridos 300 metros, le hice señales a Néstor para que se acercara con el barco. Debió levantar ancla que había sido arrojada con unos 100 pies de cadena, y se dirigió a mi búsqueda. Se acercó bastante a mí y Svitlana me arrojó el salvavidas.

Tomé el salvavidas, pero como advertí que el dinghy estaba a unos 120 metros de mi ubicación, lo solté y les dije que rescataran primero el dinghy. Fué un error porque podría haber subido al barco y ayudar en el rescate del dinghy, y de esta forma les creé un problema adicional, aparte del dinghy estaban preocupados por mi situación. Además, si yo hubiera estado previamente a bordo, se hubiera acelerado la pesca del bote auxiliar. Agarrar el dinghy, según lo observaba desde el mar, fue toda una odisea. Guillermo intentó engancharlo con un bichero pero perdió el bichero al no asirlo con firmeza. Otras dos veces falló intentando agarrarlo con la mano del cabo que colgaba de su proa, mientras el barco se acercaba. Terció entonces Svitlana en la pelea contra las olas que alejaban al dighy cuando el barco se acercaba a él, pero finalmente pudo apresarlo del cabo de proa y asirlo firmemente al barco. Con ese paso cumplido, acudieron a mi rescate. La maniobra en ambos casos fue difícil pues había solo 9 pies de profundidad y el barco debía evitar encallar mientras ejecutaba la aproximación para el rescate. Svitlana se enojó mucho conmigo porque había soltado el salvavidas que ella me había lanzado con gran precisión, y demostró una gran habilidad para pescar el dinghy. Siendo las 8 de la noche mientras escribo esta página se negó a detallarme la forma en que atrapó el dinghy, pues aún le subsiste el enojo por lo que considera, con razón, que fue una imprudencia de mi parte.

Repuestos del mal rato, pasé la siesta durmiendo unas horas, mientras Svitlana, Néstor y Marina fueron en el dinghy ya rescatado a la playa, donde pasaron unas dos horas, bajo el duro sol del Caribe, con la protección de un toldo improvisado con la funda del dinghy que tendió Néstor sobre los árboles.

Marina tomando un snack en Cayo Francés

Esperando a los guardafronteras en Cayo Felipe

Marina con su snack

Guillermo Jauregui trabajando a bordo.

18 de julio. Un pelícano nos visitó y se subió al dinghy, mientras Svitlana lo alimentaba echándole suculentas porciones de salmón ahumado y langosta. Probablemente nuestro plumífero amigo no tenga otro banquete semejante en el resto de su vida. A las nueve, con el viento soplando aún a 15 millas, pero  menos mar de fondo, levantamos el dinghy con la pluma y partimos hacia Cayo Francés, a una distancia de 54 millas de Esquivel. La navegación es más confortable, pues si bien hay viento en contra de 15 millas hay menor mar de fondo y las olas son menores, menos  elevadas que al llegar a Esquivel.

Este pelicano nos visitó y fue recompensado con un suculento

banquete

Cayo Francés es uno de los mejores lugares para echar anclas en Cuba si se tiene cuidado de seguir cuidadosamente las cartas náuticas, llegar con luz y observar una boya de acceso a un canal que hay entre el cayo y un banco de arena. Hay allí una profundidad de 10 pies y las aguas son totalmente tranquilas. A una media milla del canal hay un barco hundido de cemento que es actualmente un vivero de peces y al que los pescadores locales se acercan para hacer su captura del día.

19 de Julio. Salimos con mar relativamente calmo  y vientos no superiores a 15 millas, lo que nos permitió hacer una navegación relativamente confortable hasta Cayo Guillermo. Tiramos dos líneas y pescamos tres barracudas de tamaño mediano. Durante el trayecto nos fuimos comunicando permanentemente con la base de Guardiafronteras de Caimanes a la que suministramos información sobre nuestra embarcación y los que nos retribuyeron dándonos los partes metereológicos y nos vincularon con la llamada pomposamente Marina Internacional de Cayo Guillermo. Tal como nos comunicaron por radio de la Marina, como la comunicación era deficiente, debíamos hacerlo nuevamente al acercarnos al Cayo de la Media Luna, cercano a Cayo Guillermo. Al Cayo de la Media Luna, como a un voraz comensal de una cafetería de Buenos Aires que empieza a engullir su desayuno, el mar le comió una de las puntas de la Media Luna, por lo que es ahora apenas un vigilante para apelar a los términos de panadería.

Desde allí, pudimos recibir claramente a la entre comillas Marina Internacional que nos dijo que con nuestro calado no podíamos acceder a la Marina, ya que antes del canal de acceso había bancos de arena que daban una medida entre fondo y nivel del mar a veces inferior a 5 pies, lo que haría encallar a nuestra embarcación. Nos aconsejaron, por lo tanto fondear al sur del Cayo Felipe de Barlovento, que es una pequeña piedra rodeada de arrecifes que proporciona seguro resguardo contra los vientos del norte. Sin embargo, guiados por una embarcación que nos ofreció llevarnos, anclamos en un lugar más cercano a los hoteles pero en solo 10 pies de agua.

Desde allí con Svitlana, Marina y Néstor provistos de dos bidones para cargar combustible, con dirigimos en dinghy a la playa, donde comenzó una nueva discusión con los Guardiafronteras. Mientras Marina y Svitlana se bañaban en una playa de aguas mansas, playas y cálidas y yo me encaminé al hotel para pedir un taxi que nos llevaran a una gasolinera, tres guardiafronteras interpelaron a Néstor y le dijeron que no podíamos bajar a tierra sin hacer el despacho y éste debía hacerse desde la Marina. Le contestamos que la Marina nos había informado que no teníamos calado para entrar y que no teníamos combustible para llegar ida y vuelta hasta la Marina, para hacer el despacho desde el dinghy y que por eso habíamos bajado a tierra para proveernos de gasolina. Esta situación inesperada complicó todos sus esquemas y nos hizo aguardar un poco en la playa para consultar a sus superiores. Volvió con la noticia de que sí podíamos entrar en la Marina. Le dije que lo responsabilizaba a él si no podíamos entrar. Regresamos pues a Marinabella, levamos ancla y comenzamos nuestro desplazamiento hacia el canal, que a pesar de no tener señal alguna se notaba por sus aguas más azules. Sin embargo, antes de entrar, observamos que la profundidad bajaba a 7,50  pies, por lo que anclamos en esa poca profundidad y le pedimos a la Marina que nos enviara una lancha para guiarnos. Antes de eso yo me había sumergido y aprovechando las aguas claras pude verificar que la quilla estaba a escasos 30 centímetros del fondo arenoso.

El marinero del bote vino con uno de los Guardiafronteras, una precaución absurda, como todas las que se aplican en Cuba en nombre de la seguridad. El marinero nos confirmó que no entrábamos en la Marina, por lo que echamos más cadena para hacer más firme el fondeo y junto con Néstor lo seguimos en el dinghy con los papeles de la embarcación para hacer el despacho y los dos bidones para cargar gasolina. Allí nos encontramos con los guardiafronteras que nos recibieron con poca gentileza en la playa, hicimos el despacho, y nos enteramos de las habituales y nuevas restricciones. No podíamos bajar directamente a la playa, sino que debíamos dejar el dinghy en la Marina y caminar 1000 metros hacia la playa. No podíamos efectuar el despacho internacional hacia Miami desde esa Marina, sino que debíamos dirigirnos a otra, pues ese servicio era solo para los barcos alojados en la. Marina.

Les dije que en todos los cayos y en la propia Marina Hemingway, me habían dicho que podía hacer el despacho desde Guillermo o desde Cayo Coco y que no tenía tiempo para entrar y salir a otro cayo o Marina, pues debía tomar un avión hacia Buenos Aires en dos días. Les dije que conocía obviamente su enfrentamiento con los Estados Unidos, lo que en un estado de emergencia podía justificar las medidas de seguridad con relación a las naves de ese país, pero si querían mantener el turismo y justificar el nombre de Marina Internacional que le habían dado pomposamente a la de Cabo Guillermo, debían  facilitar la navegación por las aguas de Cuba de naves de otras banderas. Me contestó que el riesgo son también terceros países, porque hacen tareas en favor de Estados Unidos. Me dí cuenta que era el mismo pensamiento del Gral Saint Jean en una época funesta del gobierno militar en Argentina cuando pronunció su célebre frase: los enemigos no son solamente los terroristas, sino los intelectuales que simpatizan con ellos, los diversos niveles de socialismo (incluía al peronismo) y hasta los indiferentes.

Agregué ante las crecientes dificultades que me ponía el esbirro cubano que si no se resolvía satisfactoriamente mi situación me iría sin despacho y sin pedir nueva autorización desde donde estaba fondeado. Esto determinó nuevas consultas a la superioridad y se acordó que el día 21, previsto para la partida, unos diez hombres y algún perro se trasladarían en lancha hacia Marinabella para hacer el despacho.

Cargamos combustible en los dos bidones y volvimos a Marinabella, ya con la seguridad de no quedarnos sin nafta en el dinghy. Al subir al barco caí al agua por la borda del dinghy y perdí mis anteojos por lo que debí sumergirme para rescatarlos.

A la noche, luego  de un día pleno de reyertas con los guardiafronteras, nos pusimos nuestras ropas de gala y festejamos el cumpleaños de Néstor con abundantes brindis que agotaron todas las existencias de bebidas espirituosas a bordo, una picada de fiambres, ensalada rusa (hecha por una auténtica rusa), langosta y culminamos la celebración con un tiramisu congelado a modo de torta, la soplada de velitas (fósforos) y los habituales elogios al homenajeado.

A las diez nos fuimos a dormir preparándonos para pasar una noche tranquila. Sin embargo a la una de la mañana, con la baja marea el barco comenzó a tocar fondo. Cuando me desperté por el golpear del fondo contra la arena,  ví en el deph finder que estábamos solo a 5.7 pies de profundidad. Comuniqué la novedad a Néstor sin alarmarlo para que siguiera descansando pues el ancla no se había movido, el fondo es suave y solo había que esperar dos horas para que la nave recuperara su flotabilidad. Guillermo también se despertó y le dije que no se alarmara que en poco tiempo estaríamos nuevamente a flote. Me fui a la computadora a escribir estas páginas y siendo las tres menos cuarto de la mañana el barco recuperó su flotación, por lo que cierro la página e intentaré volver a dormir.

20 de Julio. A las 10 nos visitarán nuestros "amigos" los guardiafronteras para inspeccionar la embarcación. Lo hicieron con un perro que olfateó la embarcación y que respondiendo a sus necesidades naturales nos dejó un regalo en la bodega. Su conductor que es el único hombre amable de las patrullas que nos visitan me pidió mil disculpas, recogió el regalo y nos dijo que no tenía tiempo de completar el lavado.

Al mismo Capitán que dijo en esa ocasión llamarse Reiguel le conté que el fondeo que nos habían asignado era muy bajo y que iríamos a Cayo de la Media Luna y luego buscaríamos un lugar más apropiado para fondear y que el día 21 seguiríamos para Bahamas y Estados Unidos. No objetó mi deseo de visitar el Cayo de la Media Luna, donde habíamos estado hace ya un año y donde hay una línea de arrecifes para que Marina pudiera pescar unos pececillos de colores con el compromiso de devolverlos luego al mar. Cayo de la Media Luna está a unas tres millas de donde estábamos. Fondeamos en aguas no muy tranquilas pero fuimos con el dinghy hasta la costa, llevamos a Marina al arrecife y pescamos algunos peces de pecera para largarlos luego al agua desde Marinabella.

Como el fondeo era inestable a las 14, decidimos almorzar en aguas más calmas y correr la embarcación hacia la punta oeste de Cayo Guillermo, donde habíamos estado el año pasado. Echamos anclas allí, donde se encontraban anclados unos cuatro o cinco barcos pesqueros. A Svitlana se le despertó el espíritu solidario, repartió los alimentos que nos quedaban sin abrir en cuatro o cinco bolsas  y decidió visitar a los pescadores en el dinghy para repartirlos entre ellos, recibiendo algunos pescados en reconocimiento por su gesto.

Almorzamos a las tres y me dormí una pequeña siesta cuando fui despertado por Svitlana a las cinco que, toda agitada, me dijo "Volvemos ya a los Estados Unidos" . Que pasa, le pregunté, y me dijo que había llegado un barco de guardafronteras en un barco con cinco hombres que en actitud hostil le decía que estábamos en un lugar no autorizado, que habían sido claros en sus instrucciones y que debíamos fondear al sur del Cabo Felipe de Barlovento, único lugar autorizado. Debo aclarar que el año anterior, con Nino, habíamos estado sin inconvenientes en el mismo lugar y que desde allí nos desplazábamos a una playa muy bonita que estaba cercana.

Cuando Svitlana me despertó salí de mal humor a enfrentar al esbirro cubano. Le pregunté que pasaba, pues el año pasado habíamos estado fondeados allí sin problemas. Me dijo que las regulaciones habían cambiado y que debía partir hacia el sur del Cabo Felipe de Barlovento. Que había violado las reglas al desplazarme de ese lugar. Le recordé que me había autorizado a ir a Cayo de la Media Luna y así lo reconoció, agregando que me había desplazado ahora a un lugar no autorizado, no aceptando mis explicaciones de que tenía una mujer y una niña a bordo y que había buscado aguas más tranquilas para evitar que se marearan. Le dije en tono irritado acompañando mi ira con el movimiento de mi brazo e índice que lo señalaban en tono acusatorio que éramos amigos y no enemigos de Cuba, pero que estábamos siendo tratados como delincuentes y que yo tenía un permiso de navegación y que por su actitud me sentía como un preso en Cuba. Le pedí que se identificara pues haría oportunamente una protesta por vía diplomática contra él. Me dijo entonces que era Manuel. Le pedí su apellido y me dijo que era Díaz (antes era Reiguel). Conteniendo mi indignación, frente a la prepotencia del hombrecillo de uniforme nos trasladamos al lugar indicado, donde las aguas eran también tranquilas, pero es sola una piedra sin playas y está a dos millas y media de Cayo Guillermo, lo que es un trayecto demasiado largo para recorrer en dinghy. Estábamos pues aislados en Cayo Felipe de Barlovento.

Siendo las siete de la tarde intenté comunicarme con la Marina sin respuestas. Intenté llamar al Control de Cayo Guillermo, también sin respuesta. Llamé también a Control de Guardiafronteras de Cayo Coco para que me dieran el apellido del capitán que nos había interceptado, pues alegué que había dado dos diferentes quizá ante el anuncio de que yo presentaría una queja. Aunque recibieron la comunicación no me dieron ninguna explicación. Insistí en conocer el nombre del esbirro. El canal 16 permaneció mudo. Llamé entonces nuevamente y me limité a darles mi posición exacta en latitud y longitud para que el día siguiente, puntualmente  concurriera el equipo de rigor, integrado por unos diez hombres.

Estamos pues "veraneando" en el Cayo Felipe de Barlovento, cuyas características para que los lectores aprecien se muestran en la foto adjunta. No tiene playa ni árboles y es sólo un peñasco rocoso de unos quinientos metros de largo, rodeado de peligrosos arrecifes. Guillermo me recordó un mail de nuestro amigo Félix Borgonovo, donde decía que nos envidiaba pues nos imaginaba rodeados de exuberantes mulatas, recostados en arenas doradas, a la sombra de cocoteros y palmeras y saboreando unos exquisitos daiquiris. Esa es por lo demás la propaganda oficial de Cuba para atraer el turismo, pero como habrán advertido los lectores distinta es la situación para los navegantes.

El peor estadio de la desviación del poder gubernamental es cuando el ejército se convierte en policía, y esto está ahora ocurriendo en Cuba. La situación ha empeorado en estos dos últimos años, como lo hemos experimentado en carne propia al encontrar crecientes obstáculos para la navegación. Decididamente Cuba en el año 2005 no es un lugar aconsejado para recorrer sus puertos y playas y Marinabella, con su propósito de servir a otros colegas  hará conocer esta opinión por los medios a su alcance para evitar que otros incautos navegantes atraviesen los mismos problemas.

Por la noche, anclados en nuestro Cayo Felipe de Barlovento, discutimos que quejas presentar y como hacerlo. Yo propicié llamar al Cuerpo de Guardiafronteras y quejarnos contra el capitanejo de marras. Prohibirle su acceso a bordo, si venía él mismo a hacer la inspección salvo que pidiera disculpas a Svitlana por la forma grosera en que la había tratado.

Lo que más me dolió es que este capitanejo hubiera vulnerado los nobles sentimientos socialistas de Svitlana, que se crió y educó en la ex-Unión Soviética, hiriendo su lírico idealismo y su espíritu solidario, pues concluimos en que la hostil reacción de los hombres de verde se había motivado en que Svitlana había distribuido alimentos, jabones, artículos de tocador entre los pescadores cubanos y un visitante extranjero no puede tener trato con los trabajadores locales.

En la conversación con los tripulantes les hice saber que el Código Penal de Cuba contiene un capítulo sobre responsabilidad predelictual que permite imponer la pena de prisión a cualquiera que se presuma tiene la intención de cometer una infracción a las leyes cubanas. Esta amplitud permitiría a cualquier capitanejo de los Guardiafronteras detener a la tripulación de Marinabella, por ser sospechosos ya sea por contrabando (regalos a los cubanos), por espionaje (tenemos cámaras a bordo) o por tener cigarros en demasía. Por otra parte, no podíamos esperar apoyo alguno de la Embajada Argentina ante una emergencia derivada del abuso de autoridad por los Guardiafronteras porque los últimos acontecimientos frente a nuestro pedido de incorporar a un piloto cubano, demuestran que carece del nivel mínimo de contactos políticos para operar sobre el gobierno de Cuba.

Por esas conclusiones resolvimos: a) Contener nuestra ira y no exacerbar más con reclamos directos al Cuerpo de Guardiafronteras; b) Arriar la bandera argentina, que teníamos por ser argentinos, por cariño a nuestra bandera, por pensar que sería más simpática para los cubanos  y no por ninguna disposición formal;  c) Izar la bandera británica, que es la del lugar de registro de Marinabella, por cuanto la rubia Albión por su histórico control de los mares después de Trafalgar ha sabido defender a sus barcos en las emergencias políticas y si se nos generaban situaciones de emergencia con la autoridad militar cubana, la Embajada Británica nos defendería con mayor eficiencia que la embajada argentina; d) Arriar la bandera cubana al pasar las 12 millas, cuando Marinabella recuperaría su libertad y decir adiós para siempre a las tierras cubanas mientras se mantengan las actuales restricciones a la navegación. e) Hacer públicas las dificultades generadas a la navegación en aguas cubanas en los medios náuticos internacionales para que otros navegantes no padezcan la injusta persecución que tuvo Marinabella.  f) Enviar una nota de protesta a la Cancillería Argentina y a la embajada cubana en Buenos Aires, relatando objetivamente las dificultades padecidas en nuestra  navegación en aguas cubanas.

Luego de este debate filosófico político esperando el amanecer desde "nuestro" Cayo de Felipe de Barlovento, pasamos la noche a la espera de que el despacho de partida fuera más sencillo y de que las condiciones del tiempo nos ayudaran.

 

21 de julio. A las nueve de la mañana llamamos a la Marina de Cayo Guillermo, para recordar el compromiso de hacer el despacho a las diez. Yo había preparado dos bancos a popa pues estaba decidido a no permitir el acceso al capitán Reiguel o Diaz si antes no pedía disculpas a Svitlana por su comportamiento hostil y descomedido.  A las diez en punto llegó una lancha con unas ocho personas, esta vez sin el Cocker para olfatearnos el barco. No vino el envenenado capitán Diaz y todo fue muy fácil y rápido. En menos de una hora se terminó la inspección. Llegaron mareados dos de los inspectores pues no acostumbraban a inspeccionar naves en el mar. Cuando terminó la actuación, el funcionario de Aduana me preguntó cuando volvería a Cuba. Le relaté mi enfrentamiento con el Capitán Reiguel o Díaz y la falta de autorización para que un piloto cubano nos asistiera en la navegación interna y le contesté que amábamos a Cuba y su gente pero que hasta estas restricciones a mi libertad como navegante fueran levantadas y se facilitara la navegación de los barcos extranjeros en aguas cubanas no volveríamos a Cuba. Le aclaré que no planteábamos este reclamo en términos políticos ni nos interesaba si Fidel cesaba o no, sino que se diera más libertad a los navegantes sin tener que marcar su paso a cada instante. Le dije que en los dos últimos años, las condiciones de movimiento en aguas cubanas se habían limitado en lugar de haber mejorado y que hasta ello cambiara elegiríamos otros destinos en el Caribe.  No me contestaron ni una palabra y nos despedimos de ellos y de Cuba no sabemos hasta cuando.

Ya solos, partimos de inmediato desde nuestro Cayo Felipe de Barlovento, para seguir un trayecto que nunca usé hasta entonces pues siempre partí de La Habana o de Varadero. Ahora, al partir desde más al este, era más conveniente tomar el pasaje entre Cuba y Andros muy cerca del Great Bahama Bank. Son 215 millas hasta Haulover, nuestra entrada en Miami. El tiempo es bueno, poco viento, aunque algún oleaje de costado golpeando el estribor de la embarcación. Desde el Control de Caimanes, que siempre nos asistió correctamente en nuestra navegación de ida, se nos preguntó si habíamos superado nuestras dificultades lo que revelaba que conocían el entredicho. Les contestamos afirmativamente y nos desearon buen viaje. Aún en los sistemas más restrictivos hay personas que privilegian la relación con los hombres practicando la seguridad con un compatible buen trato. Salud, control de Cayo Caimanes y gracias por su asistencia!

Aprovechando la distensión de la partida, comenzamos a filosofar sobre las nefastas incidencias de la teoría de la seguridad sobre las libertades personales. Algunos sufrimos ese mismo ultraje durante el gobierno militar. Con la excusa de la política hostil de  Busch, se han generado en estos dos años nuevas restricciones a las libertades personales en Cuba. A su vez, en los propios Estados Unidos las medidas de seguridad adoptadas han limitado el casi bicentenario marco de garantías en ese país, que tanto disfruté mientras residí en Washington en el año 1966. En ese momento se habían removido las restricciones a las libertades civiles de los negros y comenzó un período de libertad como no se vió en ningún país del mundo y que duró 35 años pese a la existencia de la guerra fría y la amenaza nuclear. Los trágicos sucesos del 11 de setiembre comenzaron un ciclo regresivo. A veces me pregunto si no es necesario abrir la malla de la seguridad aún a riesgo de que se cometa un nuevo atentado, para mantener el espíritu original de los Founding Fathers y el extraordinario marco de garantías que brindaba la Constitución Americana, que muchos países emularon desde su sanción. Y en Cuba las consecuencias son aún más serias, pues se partía de un cuadro de restricciones que ha venido empeorando constantemente en últimos dos años, justo cuando era más necesario abrir el campo de las libertades para provocar una transición ordenada desde la inevitable muerte de Fidel. Recordaba mis diálogos con Juan Marinello, un gran pensador socialista que se desempeñaba en la Unesco como representante de Cuba cuando yo era Embajador y con quien me deleitaba conversar y quien decía:

¿Es necesario algún esfuerzo para convencer de que la gran Revolución que impulsamos, al situar al hombre en el centro de su atención, sin preocupación racial o social, ofrece anchura y magnitud a los conceptos martianos? ….la esclavitud de los hombres es la gran pena del mundo. Martí había querido una enseñanza científica, laica, antintelectualista, volcada sobre las necesidades inmediatas de la comunidad, esencialmente interesada en la superación del campesino, realmente popular y afincada en las más robustas tradiciones progresistas y nacionales.….una revolución que enseñó a leer a todos los cubanos no puede sino asegurar a todos el goce de las más cumplidas manifestaciones de la ciencia y del arte. Nuestra Revolución echó abajo toda diferencia injusta, viene obligada por su condición socialista a asegurar a todos y cada uno la misma posibilidad en el conocimiento y en la creación. Cada día había más jóvenes cubanos sin trabajo y que el tiempo muerto sigue siendo una estampa espantable en nuestros campos. Tal situación económica no es la más apta para asegurar las masas populares, a la nación toda, educación y cultura. Sin olvidar el agobio de la miseria, que tantas capacidades nacientes aplasta, está bien claro que no puede un país de estructura económica tan negativa proveer las escuelas indispensables y menos atender debidamente los reclamos de la investigación científica y la creación artística, que suponen hoy tan cuantiosas inversiones. La economía insuficiente tras la insuficiente cultura. No es imaginable que quien viva en la angustia de encontrar trabajo pueda ofrecer mucho tiempo a su mejoramiento intelectual. Esta realidad nueva y superior que sólo puede ofrecer una sociedad sin clases, supone una responsabilidad sin debilidades ni reposo. Si la cultura, en su condición de bien universal sólo puede lograrse en una sociedad socialista, queda dicho que el modo mejor, el modo infalible de servir a la cultura es el de luchar por el socialismo. .para todo marxista verdadero, la cultura, la ciencia y el arte, fueron valores esenciales sin los que no se entienden la liberación humana por la que los marxistas trabajan.  Pensamientos de Juan Marinello extraidos de su obra Un hombre de todos los tiempos.

Aun en el marco de naturales disensos coincidíamos con Marinello y con otros pensadores socialistas latinoamericanos como el peruano Carlos Mariategui, que el aspecto más loable del socialismo latinoamericano es rescatar la dignidad de hombre y darle acceso a la cultura. El humanismo marxista lo libera del sometimiento a que lo sujeta un régimen mercantilista que lo considera como una herramienta de producción y no como ser humano. Pero para pueda tener acceso a la cultura, como lo señala Marinello debe asegurarse una economía vigorosa y garantizarse los derechos naturales del hombre. Por otra parte, una revolución que enseñó a leer a todos los cubanos, con prescindencia de raza o nivel social, en uno de los éxitos mayores del socialismo en Cuba debe complementar ese aspecto cultural con la expansión de sus libertades creativas y personales. La liberación humana que como señala Marinello es el objetivo final del marxismo no se alcanzará sin la gradual expansión de las libertades personales, en un proceso que no debería tener retrocesos como los que se han experimentado en Cuba en los dos últimos años.

Por ello, las restricciones que ha originado el adueñamiento en Cuba de las políticas de seguridad sobre los principios humanistas del marxismo ha generado consecuencias deplorables sobre la ideología socialista. Una sociedad de pobres donde no se encuentran mecanismos para alentar la inversión. Una sociedad que limita extraordinariamente las libertades cuando el socialismo supone la igualación social con el fin de expander las posibilidades del desarrollo humano. Cuando con la excusa de la seguridad nacional los milicos convertidos en policías y no los educadores, los pensadores o los filósofos, se adueñan del poder el autoritarismo se impone sobre todo principio fundacional del socialismo. Esto es lo que ha ocurrido en Cuba por las amenazas de intervención y lo que está ocurriendo en Estados Unidos y Europa con motivo del recrudecimiento del terrorismo. Por eso me pregunto, ya con vistas a la situación del mundo occidental si no es mejor aceptar la posibilidad de un acto terrorista que cambiar los valores que cimientan nuestra civilización?. Nunca una bomba en un subterráneo podrá hacer caer la democracia inglesa, como no lo hicieron los bombardeos del Tercer Reich sobre Londres, pero desde adentro, puede imponerse el pensamiento autoritario afectando la propia estructura del sistema democrático.

Estas reflexiones revitalizan el pensamiento de mi recordado general Perón, quien su formulación de la comunidad organizada trató de armonizar las reglas de la sociedad capitalista para la promoción de la economía nacional con los principios socialistas de dignificar al hombre de trabajo, protegiendo sus organizaciones sindicales y promoviendo su acceso a la educación y la cultura. La plena dignificación del hombre alcanzada pues por vía del justicialismo.

Tras estas reflexiones filosóficas nos dedicamos a la navegación y disfrutar de los distintos tonos de azules en las aguas del Caribe, mientras esperamos el inolvidable espectáculo de la puesta del sol en alta mar, como preludio de nuestras guardias nocturnas.

22 de Julio. Llegamos a nuestro apostadero en Miami a las 9.00 AM después de una navegación relativamente cómoda y sin sobresaltos.

La crónica de este viaje no incluye la habitual clasificación de los méritos marineros de la tripulación, por ser un grupo ya conocido de experimentados navegantes.