Marinabella

A Cuba con los Garcia

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28 de mayo de 2004. Cuando llegamos a Miami, ya Néstor se había ocupado de los trabajos pendientes de ejecución del barco, que estaba en buenas condiciones de navegabilidad. Sólo surgieron detalles menores, como que no estaban habilitados los puertos de comunicación del plotter con el autopilot, de manera que no se podía poner el autopilot en posición de navegación automática dirigida a un waypoint, ni mucho menos marcar una ruta. No era un detalle de conexión por cableado, sino que había que utilizar el software del GPS para programar la conexión. Nos pudimos en contacto por teléfono con el técnico que había reparado el equipo, que ahora estaba en Las Vegas y que me  dió paso a paso las instrucciones para habilitar la conexión de las dos unidades de GPS, lo que pude hacer sin dificultades.

29 de mayo de 2004. Una vez cumplido con el avituallamiento del barco, por vía de compras en Cosco, salimos para Marina Hemingway a las 7 y 30 de la mañana. Otras veces había hecho escala en Key West, para no ir contra de la corriente del Golfo en todo el trayecto, lo que resta velocidad a la nave y la hace cabecear al encontrarse la proa contra la corriente, pero teníamos solo 12 días para la travesía en aguas cubanas y decidimos quemar etapas costeras de navegación en Estados Unidos.  De todos modos seguimos por el Halk Channel que está entre la línea de arrecifes y la costa de los cayos americanos para eliminar en todo posible la influencia de la corriente del golfo. A las ocho de la noche. justo cuando estaba por caer la oscuridad sobre Marinabella, cambiamos de rumbo a la altura de Marathon entrando en el Mar Caribe con rumbo directo al Fuerte del Morro en La Habana.

Navegamos veintinueve horas, hasta llegar a la Marina Hemingway a las 11 y 30 de la mañana. La navegación fué placentera con olas de no más dos o tres pies que no hicieron cabecear a la embarcación ni siquiera al encontrarse con el eje de la Gulf Stream. Durante la noche nos dividimos los turnos de guardia entre Néstor, Eduardo y yo. Eduardo, una vez que se hubo familiarizado con el autopilot, tomó el primer turno, luego Nestor y yo tomé el de 3 a 6 de la mañana. La actividad de Eduardo fué impecable, focalizó los barcos que aparecían en la pantalla de radar y los ploteó para determinar su dirección, por lo que tuvo una perfomance sobresaliente.

Al llegar a La Habana tuvimos las inspecciones de siempre, pero esta vez más profundas, donde el cuerpo de inspectores abrió hasta la cartera de las mujeres Habíamos escondido la carne vacuna porque nos habían dicho que por la enfermedad de la vaca loca no dejaban entrar carne de USA y para nuestra sorpresa junto con los inspectores entró un perro labrador entrenado para detectar drogas y nuestro temor fue que el perrito se avalanzara sobre los costillares, chorizos y hamburguesas escondidas en un hueco detrás del plotter. Eduardo se puso pálido, se paró frente al plotter y acariciando la cabeza del perro trataba de desviarle el hocico para otro lado.

Las mujeres, las dos grandes y la niña durmieron bastante bien durante la noche y no  tuvieron síntomas de mareo. Aguantaron bien las casi treinta horas de navegación.

Desde el mismo barco me comuniqué con el dockmaster que nos dió una posición en el canal 1, porque la original que nos habían asignado en el canal 2 era muy pequeña para el barco. Desde la radio pedí que lo ubicaran a Nino y al Indio y esa misma noche Nino nos visitó al barco para planear el recorrido por los cayos. Esa misma tarde, un domingo, paseamos por la ciudad, que está peor que durante el último viaje. No estaba abierta la feria artesanal, la plaza era un desierto y hasta la catedral estaba cerrada. Había lugar en la barra en la Bodeguita del Medio y no escuchaba el ritmo de salsa que se oye habitualmente en La Habana. Como ahora no dejan entrar a menores en Tropicana, y no teníamos con quien dejar a Marina decidimos  ir a la ceremonia del cañonazo en el Fuerte del Morro. Como verán luego el cañonazo me lo dieron a mí.

Como había mucha gente en la planta donde se realiza el cañonazo, fuimos a la terraza superior, donde apoyé la filmadora mientras empleaba  ambas manos en sostener a Marina y filmar. La gente se fue arracimando a medida que se aproximaba la iniciación de la ceremonia y había ya una fila de tres en fondo a lo largo del borde de la terraza. Un  especial contingente de venezolanos con sus banderas metía bastante bulla. En un momento sentí que me tocaban la billetera, ubicada en el bolsillo trasero del pantalón. Me llevé la mano a ella pero percibí que estaba en su lugar, pensé que era un simple empellón y me desentendí del problema. Terminada la ceremonia, fuimos a un restaurante a cenar y al ir a pagar advertí que no temía la billetera. Quien había fallado la primera vez tuvo éxito la segunda y se alzó con 1300 dólares y mis tarjetas. En el restaurante me dijo otro cliente que a él también habían intentado robarlo y Eduardo, que se había quedado en la Plaza Mayor del Fuerte me dijo que los guardias recomendaban quedarse allí pues no se brindaba seguridad en la terraza.

En la Marina me recomendaron que hiciera la denuncia, pero ya no aspiraba a recuperar el dinero y las tarjetas las cancelé de inmediato, de manera que lo consideré innecesario.

31 de mayo de 2004.  Vino el Indio a quien le había traído una bicicleta de Miami y me hizo en compensación un excelente trabajo de barnizado en el puente de mando. Mañana lo terminará. Aprovechamos para visitar a la familia de Nino, tomar un trago en su casa y luego ir a comer a una paladar que estaba instalado en una amplia casa de los años 40 que era de los antiguos dueños del restaurante Floridita.

1 de junio de 2004. Esperamos que terminara el Indio y partimos a las 6 de la tarde del muelle y a las 7 y 30 de la marina, pues duraron una hora y media los trámites de salida.

2 de junio de 2004. Tras una navegación de 70 millas en aguas calmas llegamos a las 5 de la mañana al cayo Piedras del Norte, ubicado al norte de Varadero. Nos turnamos Néstor, Nino, Eduardo y yo para el pilotaje nocturno. A mi me tocó el turno de 3 a 6 de la mañana y desde que asumí la guardia reduje la marcha a 4 nudos para no llegar de noche. Nino vino a verme casi a las 4 y me aclaró que había hecho el viaje de Varadero a Piedras del Norte durante 4 años cuando llevaba turistas a ese cayo, por lo que no temiera llegar de noche. Conocía el terreno mejor que la carta, pues me indicó echar el ancla donde la carta marcaba sólo 1.80, pero en realidad había más de tres.

Cayo Piedras del Norte es un pequeño cayo con un arrecife de coral cercano. En dinghy demoramos solo cinco minutos desde el barco. para hacer buceo. Está lleno de pequeños pescaditos y saqué algunos con una pequeña caña para ponerlos en un balde y mostrarlos a Marina cuando se despertara y luego volverlos al agua. Luego de almorzar seguimos viaje a Cayo Cádiz, pues Piedras del Norte era sólo un lugar de recalada luego de la travesía nocturna. Al recoger el ancla nos dimos cuenta que el sistema hidráulico del malacate del ancha perdía por una conexión. Pudimos levantar el ancla pero perdimos como 20 litros de aceite hidráulico en la maniobra.

Luego de 30 millas de navegación a eso de las 4 de la tarde llegamos a la Bahia del Cayo Cádiz y buscamos un lugar para anclar de no más de diez pies de profundidad por el problema del malacate del ancla. Sin embargo, a Nestor se le ocurrió ir con un balde al lugar de la pérdida para recoger el aceite que salía y luego reinsertarlo en los tanques. El procedimiento que se probó a la salida de Cádiz resultó y sólo se perdieron uno o dos litros de aceite.

Ni bien llegamos a las cuatro de la tarde fuimos en el dinghy con Nino a ver si había langostas. Los pescadores echa agua una plancha de hormigón de dos o tres pisos, separadas entre sí por unos treinta centímetros y entre sus placas se refugian las langostas. Nino pescó casi 20 por lo que volvimos con  las alforjas llenas. Entre Cayo Piedras y cayo Cádiz, habíamos ido haciendo trolling y pescamos varios barracudas. A la noche, Svitlana hizo un exquisito chupín de langosta y barracuda. Nos quedamos dos días en Bahia Cádiz, pues la playa es magnífica y las aguas muy calmas.

4 de junio de 2004. Partimos para cayo Esquivel, haciendo trolling con señuelos artificiales y pescamos un atún grande, la mitad del cual hicimos a la parrilla , sobrando casi la mitad, de manera que la mitad del atún alcanzaba para alimentar a 16 personas. Llegamos a Cayo Esquivel a las 11.3o y luego de la parrillada de atún y de una corta siesta fuimos a la playa en el dinghy. No es tan linda como la de cayo Cádiz, por lo que sólo nos quedaremos un día. Durante la tarde Svitlana viajó en dinghy hacia un barco de pescadores para regalarles una bolsa de provisiones y una botella de ron. Le retribuyeron con un pargo que agregamos a nuestro stock de pescado.

5 de junio. Salimos a las siete de la mañana, cuando ya ha nacido el sol, pues amanece a las 6.40. Tras sortear los bajos pusimos rumbo a Cayo Francés en una jornada de 40 millas. Llegamos a mediodía y ya nos avistó el cuerpo de guardia costera que nos preguntó a donde nos dirigíamos. Le dijimos que íbamos a pasar la noche allí cerca de un  barco de cemento hundido en 1912 y que se usaba para transportar desecho de caña para fábricas de papel en USA. La guardia no puso inconvenientes para el fondeo. Svitlana, con su espíritu aventurero, aprovechó para subirse al barco e inspeccionar la sala de motores. También para repartir paquetes de golosinas a tres barcos pesqueros que a su vez le obsequiaron dos pescados: un pez perro y un pez lorito. Pasamos la noche en Cabo Francés comiendo pescado frito a la vieja usanza inglesa es decir rebozado con una pasta compuesta por cerveza, harina, sal y un huevo..

6 de junio. Me levanté a las siete de la mañana y antes de partir con rumbo al cayo de la Media Luna, enfrente a cayo Guillermo, quise intentar arponear un pez, pero el agua estaba algo turbia y había que bajar mucho para avistar a los peces grandes. Sin embargo, Nino, con mejor vista y mejores pulmones que yo, pudo arponear un pargo. Llegamos a Cayo de la Media Luna a  las 12. En el trayecto tiramos las líneas y sacamos algunas barracudas que tiramos al agua. Se me escapó un pez grande, que picó en un señuelo artificial llamado barracuda killer de color rojo  y que me costaba mucho traer hacia el barco, pues  se había hundido al perforar su boca el anzuelo, llevando casi 200 yardas de sedal. En un momento que quise preparar la filmadora para  la gran toma de pesca, aflojé un poco la caña y el pez aprovechó el momento para zafarse del anzuelo. Bien hecho pez!  fuiste un buen vencedor aprovechaste los escasos segundos de tregua que te dí para recuperar tu libertad. Y estoy seguro que te servirá de experiencia y nunca más perseguirás tubos de plástico colorados

No nos quedamos en el cayo de la Media Luna para pasar la noche pues está poco protegido del viento. Es muy estrecho y no muy arbolado con una sola construcción de un grupo de pescadores. Ellos mismos nos dijeron que buscáramos protección en cayo Guillermo. Así lo hicimos y ni bien anclamos nos abordó una lancha de guardafronteras, por suerte bastante educados y una vez que les mostramos la papelería no molestaron mucho.

7 de junio. Por la mañana nos bañamos en Cayo Guillermo yendo en dinghy hasta la playa con Eduardo y Mirna. Nino volvió con el dinghy al barco. Yo cometí el error de ponerme abundante crema bronceadora en la frente y con el calor se me desparramó sobre los ojos, provocándome un ardor inaguantable que me impedía abrir los párpados. Casi a ciegas debí caminar al borde de un peñazco para salir al mar más cerca del dinghy. Empecé a nadar, pero la fuerte corriente demoraba mi marcha. En ese esfuerzo estaba cuando me vió Nino y me fué a buscar con  el dinghy. Aunque me lavé con agua dulce y me puse varias veces colirio, el dolor me duró hasta la noche. Al mediodía nos despedimos de cayo Guillermo y partimos rumbo al oeste para parar a pasar la noche en algún cayo apropiado. Le tocó el turno al cayo Cobos, cerca del Cayo Francés

8 de junio. Partimos temprano, a siete y media de la mañana, del cayo Cobos, pues nos quedaba una travesía de casi siete horas y el autopilot había dejado una vez más de funcionar y debíamos timonear manualmente. Decidimos ir por alta mar a ver si pescábamos algo grande pues ya estábamos cansados de los barracudas que picaban frecuentemente. En las siete horas de navegación tiramos todo tipo de señuelos, pero no tuvimos suerte con los peces grandes, Llegamos a eso de las dos de la tarde a cayo Cristo, cerca de cayo Esquivel. Svitlana avizoró a un grupo de pescadores y se apuró a ir en el dinghy a entregarles caramelos, chocolates y unas bolsas de papas fritas y recibió en compensación más de 10 langostas y dos pargos grandes. Nino arponeó otras seis langostas, por lo que llenamos nuestra provisión hasta Miami. Yo fuí a bucear con Nino y a explorar un pequeño islote con arrecifes de coral, al que le pusimos cayo Nielsen, en homenaje a nuestra jefe de máquinas. A la noche hicimos sopa de cebollas y langostas con  mayonesa y conch salad con unos caracoles que nos habían regalado otros pescadores. Luego de la opípara cena jugamos a la canasta, Mirna y yo contra Nino y Eduardo y les ganamos dos partidas seguidas.

9 de junio. Tras una mañana de playa, algo complicada por la presencia de tábanos, que nos obligaron a untarnos con crema para los bichos salimos con rumbo a la bahía de Cadiz. Como todos los días la mañana amanece con un mar totalmente planchado, pero luego del mediodía comienza a levantarse un poco de viento que no supera los 15 nudos. Sin embargo, ese viento no complica la navegación pues no tiene la fuerza suficiente para formar olas, de manera que aún después del mediodía no debemos enfrentar ondas de más de tres pies. Este tiempo excepcional ha determinado que Marina no se mareara nunca y Svitlana sólo dos veces. Svitlana, en sus operaciones de trueque, recibió una aleta de tiburón y quiso cocinarla a la moda china, como una vez la comimos en Toronto, pero no tuvo éxito, de modo que sólo Nino, de puro cumplido, y ella misma se animaron con la sopa.

Llegamos a eso de las cinco a Bahia de Cadiz y anclamos en un lugar diferente al viaje de ida para conocer una playa distinta. Nino hizo sus habituales excursiones piscatorias y vino con unas diez langostas y algunos caracoles. Por la noche, Nino y Eduardo tomaron su revancha en la partida de canasta y ganaron dos partidas.

10 de junio. Por la mañana, a las siete en punto movimos el barco para cruzarnos a la otra costa de la bahía, donde la costa permite acercarse al barco hasta sólo 100 metros de la playa. Como en los casos anteriores tuvimos que hacerlo con el ancla manual, ya que la hidráulica con cadena, pierde aceite y no se puede usar hasta cambiar la pieza necesaria. Pusimos en funcionamiento ambos dinghies para movilizarnos, ya que Nino empleaba uno para sus incursiones subacuáticas. Al mediodía pusimos rumbo oeste hacia Varadero. Milagrosamente, el autopilot volvió a funcionar por sí solo. A la vuelta habrá que hacer un chequeo pues debe tener un cable flojo o un tornillo mal apretado, para ese funcionamiento errático. Como el pique de barracudas era permanente, lo que obligaba a detener el barco a cada momento, cambiamos el curso para salir del área de 60 a 100 pies donde reinan los barracudas y buscar mayor profundidad (superior a 200 pies), por si conseguíamos que picara algo mejor. Dejamos dos cañas tiradas y unos se fueron al puente y otros a dormir la siesta y descuidamos un poco la popa, lo suficiente para que un pique grande terminara con el carretel de nylon del 80 pues un pez tiró de él hasta agotarlos sin que hubiéramos advertido el pique.

Llegamos a Varadero entrando por el paso de Agua Mala a las cinco y por radio nos dijeron el lugar que debíamos ocupar en el muelle. Costó trabajo atracar pues el viento y la corriente tenían más poder que los thrusters y al intentar atracar de popa, ambas fuerzas impedían dirigir la popa hacia el espacio destinado. Lo que hay que hacer en estos casos es poner la marcha atrás a full, pero uno no se anima a esto, pues desde el puente no se ve la popa y lo hace tan pausadamente que las corrientes vencen al motor y conducen la embarcación a su antojo. Una intervención de Nino usando la marcha atraás a full, permitió colocar el barco en posición.

Ni bien atracamos nos abordó un equipo de guardia-fronteras, aduaneros, migraciones y sanitarios, con un perrito para oler drogas que hicieron una búsqueda prolija que demoró casi una hora. Nos obligaron a hervir dos docenas de huevos que había en la heladera y nos dijeron que no podríamos usar el dinghy ni las minimotos cuando estuviéramos en puerto. Esta intervención burocrática, una más de las que se soportan en Cuba, nos determinó a no dejar el barco para ir a Varadero, pues nos molestó que tuviéramos que llamar un taxi para cruzar el canal dando la vuelta a toda la península cuando con el dinghy hubiéramos podido hacerlo en sólo dos minutos, pues el canal tiene menos de 80 metros a esta altura.

Dedicamos la velada  a una regia picada y al juego de canasta, donde se volvió al resultado habitual luego del último traspié,  a la victoria del capitán magníficamente acompañado por Mirna.

11 de junio. Es el día de la partida. Dejamos Cuba con la añoranza de despedirnos de los buenos amigos que tenemos aquí, cuyas imágenes rememoramos en este momento. El Indio, Eddy,  Adrian, Nelson, Nino, y hasta los cocheros o taxistas que nos transportaron y guiaron con cordialidad y aprecio. También de la virginidad original de los cayos cubanos, todavía no contaminados por la civilización ni convertidos en depósitos de basura de los turistas. Sin embargo, la idea de superar el cuadro perverso de las prohibiciones y los trámites absurdos, recuperando el ámbito de libertad individual al llegar a la Florida, compensa en gran grado esas añoranzas. Nos aprestamos a un trecho de jornada completa, pero con un mar apacible a las siete de la mañana por lo menos. Debemos aguardar que pase la nueva inspección de guardia-fronteras para poder partir, pero no abundaré sobre ello cuando se produzca, para no menoscabar la simpatía, orgullo, vivacidad y sobriedad del pueblo cubano.

Pese a lo que acabo de decir recién, ahora, que a las tres de la tarde estamos camino a Miami, después de haber pedido permiso de salida a las once de la mañana, debo referirme a la absoluta incompetencia del capitán del puerto de la marina Dársena, supuestamente llamado Hoyo. Recién después de dos horas de haber pedido salida, se presentó una persona en  nombre de la marina a quien llamaré El Otario, pues era un incompetente total, para darme la cuenta de la estadía que pagué de inmediato y me dijo que enseguida llamaba a los guardiafronteras, migraciones y aduana. Supe después que el hombre se fue y no avisó nada. Cuando dos horas después, con todo alistado para salir no vino nadie me puse muy enojado y empecé a llamar por radio a la marina cada cinco minutos. Nadie contestó. Para peor escuché un llamado por el 16, donde Guardiafronteras decía que estaban haciendo una inspección en Marinabella, lo que era obviamente falso pues nadie había llegado. Entonces tomé la radio por canal 16 y dije: la marina de Varadero no contesta. sus funcionarios deben haberse ido o están durmiendo la siesta. Guardiafronteras dice que está haciendo una inspección en Marinabella, lo que es falso, por lo que Marinabella hace un llamado por este medio a cualquier autoridad responsable de la República de Cuba, a la que pide se identifique por este medio  para que se presente para darle salida, avisando que de lo contrario dentro de media hora zarpará sin permiso y hará una formal protesta por esta situación. A los 20 minutos llegó el equipo de inspección y recibió una andanada de mi parte pidiendo nombre y rango del jefe del grupo, para hacer una protesta. Los aterrorizados empleados dijeron que no era problema de ellos sino que la marina no les había avisado. Agregué entonces que quería nombre y apellido del director del puerto para quejarme. Callaron, para cubrir a su superior, por los que le dije que cómo era que seis funcionarios con facultades de verificación no sabían para quien trabajaban. De a poco surgió la información que era un tal Hoyo. Cuando me aplaqué un poco, me preguntaron si tenía las estampillas que debió darme el Otario. Dije que el Otario no me había dado nada y me respondieron llenos de verguenza que sin esas estampillas no podía salir. Me enfurecí y les dije que era indecoroso que trataran así a los turistas. Entonces salió uno por uno de los seis apabullados esbirros  a buscar a el Otario o su jefe Hoyo. Cuando pasó otra media hora hice otro llamado por radio diciendo que haría salir de mi barco a la representante del operativo y partiría en 10 minutos. Entonces  apareció  un mayor del ejército con dos soldados que se impusieron de la situación por la radio y que pidieron a Eduardo disculpas por la inexplicable situación y dijeron que tomarían medidas. A los 5 minutos apareció un empleado con las estampillas y nos dejaron salir sin terminar siquiera la inspección de salida.

Creí que la inspección de Varedero sería pesada, pero como colmó todos los límites, supuse que debía narrarla, sin perjuicio de que haré una protesta al embajador cubano en Buenos Aires, cuando llegue.

La navegación fué excepcionalmente buena, co n olas de no más de dos pies. Cuando nos montamos en la corriente del golfo elevamos la velocidad de 8 nudos a 10 nudos, soplando brisas de entre 10 y 14 nudos, aún en pleno eje de la corriente. Llegamos a las 10 de la mañana a Miami

 

Tras la culminación de la travesía ha llegado la hora de la calificación de los tripulantes.

  Pesca y buceo Resistencia al mareo Trabajo en equipo

Mantenimiento del orden a bordo

Trabajo en la cocina Tareas de pilotaje Conocimiento de los fondos Ayuda en amarre y anclaje Interpretacion cartas nauticas
Svitlana 7 8 10 10 10 -- 5 - 7
Nino 10 10 10 10 10 10 10 10 10
Eduardo 7 10 10 10 10 10 5 9 10
Mirna - 10 10 10 6 - - - -
Marina - 8 10 3 - - 10 - -
Nestor - 10 10 10 9 10 8 10 10

Los comentarios particulares que se derivan de esta calificación son los siguientes.

Todos los tripulantes tuvieron 10 en trabajo en equipo, lo que demuestra que fue un grupo muy bien integrado y eficientemente dirigido por el capitán, al punto que en una ocasión mientras el capitán observaba la tarea, el jefe de máquinas hizo una certera observación: todos los tripulantes están trabajando. Mirna y Eduardo pasaban la aspiradora por el piso, Svitlana cocinaba, Nino limpiaba pescado y el jefe de máquinas reparaba un instrumento.

El único 10 absoluto fué el de Nino que desempeñó todas las tareas con notable eficiencia, especialmente en cuanto a su conocimiento de los fondos, pesca de langosta y amarre y anclaje.

Todos los tripulantes tuvieron una actuación excepcional y los únicos puntos regulares fueron Néstor en pesca y buceo y conocimiento de los fondos, Marina en orden a bordo, Svitlana en conocimiento de los fondos, Mirna en cocina pues pretendía cortar la lechuga a mano, Eduardo en conocimiento del fondo. Sin embargo, en virtud de los altos promedios, todos los tripulantes merecen un ascenso, aunque el del ex subcapitán García, degradado a marinero raso y ahora propuesto nuevamente para subcapitán, pero con la condición de que asista a la ceremonia de promoción en Solid Gold. Lo mismo vale para Néstor que ha sido promovido para capitán sustituto, sin mengua de su condición de Jefe de Máquinas. Habiendo mejorado su debilidad frente al mareo, los grumetes Svitlana y Marina han sido promovidos a primeros oficiales, lo mismo que la ex-tripulante Mirna y hoy primer teniente. Felicitaciones a todos del capitán. El capitán no quiere autocalificarse pero reproduce aquí algunos de los comentarios recibidos de la tripulación en los 10 días de navegación. Imbatible frente al mal tiempo. Conocimiento de las cartas náuticas al dedillo. Excelentes dotes de conducción para mantener el alto espíritu de la tripulación, en su mayoría inexperta respecto de las aguas cubanas. Buenas dotes de cocinero. Experto en artes de pesca. Y no siguen las citas para no abrumar a los lectores acerca de las relevantes dotes del capitán.

ULTIMO MOMENTO

El Capitán del Marinabella anuncia con placer que el ex-grumete Eduardo García, promovido a Subcapitán hace dos años y luego removido de su cargo por su falla en concurrir a las celebraciones de arribo, ha concurrido voluntariamente a someter a test las condiciones masculinas de la tripulación del Marinabella, asistiendo el 21 de junio a una sesión especial y privada del Solid Gold. La perfomance del hoy Subcapitán del Solid Gold, en las palabras de las voluntarias de esa benemérita organización ha sido outstanding, gorgeous, super. El subcapitán afrontó el desafio con tres sacerdotisas de esa extraordinaria academia habiendo obtenido el galardón del Trébol de la Buena Suerte, pocas veces otorgado en esa excelsa institución.

En virtud del galardón obtenido, el Subcapitán ha solicitado la convocatoria del Tribunal de Etica que consideró su recurso contra la degradación y el cual, como se recuerda, suspendió la decisión hasta conocer las particularidades del Solid Gold. El Subcapitán ha pedido que su ascenso a Subcapitán se considere retroctivamente desde el viaje a las Bahamas dejando sin efecto por manifiesta arbitrariedad la sanción anterior. El tribunal ha contestado que está dispuesto a reanudar la audiencia suspendida. Informaremos oportunamente al público náutico de las novedades judiciales que se produzcan.