Marinabella
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Mexico y Cuba
Sin Libro de Bitacora. Este viaje se efectuó en el verano boreal del año 2002. La dificultad de narrar este viaje de Marinabella, por no haberlo hecho on line, es decir, ir registrando en la bitácora las novedades diarias e incorporarlas inmediatamente a la página WEB, será apreciada por el lector, por no tener el desarrollo cronológico de las experiencias de navegación. Rogamos disculpas por habernos apartado de esa norma fundamental del navegante: dejar todo registrado en la bitácora con fecha, hora e identificación de lugar, para asentar los errores y no volver a cometerlos; especificar los escollos, falta de precisión en las cartas marinas; vientos y corrientes que son habituales en determinadas áreas y en general todas las peripecias del derrotero. Preparativos de Partida. Los preparativos de partida incluyeron como es habitual el chequeo del motor e instrumental de a bordo, llenar los tanques de combustible para no tener que cargar gas oil hasta el retorno, avituallar de provisiones la bodega con mayor generosidad a la habitual para poder obsequiar a los niños cubanos chocolates, snacks, golosinas, útiles escolares y otros elementos de que están privados por el embargo sobre la isla. Integramos el rol del viaje solamente la familia, es decir Svitlana, Marina y yo, además del inefable Menta que proporciona su capacidad técnica para poder afrontar cualquier desperfecto mecánico durante el viaje. Tramo a Key West. Tras pasar por Migraciones y los Guardacostas a fin de dar parte del viaje, partimos hacia Key West, punto de salida del territorio americano. El viaje fue hecho por mí decenas de veces con varias embarcaciones, por lo que ya tengo registrado en el GPS los pasos por las boyas para ir por el Hawk Chanel, que está entre la costa y la última línea de arrecifes lo que asegura buena protección contra el mal tiempo, aún con vientos y aguas inclementes. Partimos a media tarde desde Haulover, base de Marinabella y llegamos al amanecer a Key West, donde amarramos como siempre en Galleon Marina . El tramo representa unas 120 millas náuticas, de manera que a nuestra velocidad de crucero de 8 nudos, la navegación nos llevó toda la noche por lo que arribamos en buena hora para poder ocupar un lugar en la marina y nos dedicarnos un día a recorrer la pintoresca ciudad, que siempre presenta una faceta agradable. Preñada de historia, Key West registra un antecedente secesionista, que llevó hace siglo y medio a proclamar la Conch Republic, pero esta decisión de un grupo de ciudadanos estaba fuera de los tiempos históricos y terminó en la anécdota de una bandera y un nombre. Muchas placas de bronce en casas del Cayo Hueso, como la llamaban los españoles, registran episodios de la epopeya, los lugares de nacimiento de los pioneros, los emplazamientos de las primeras construcciones y los lugares de residencia de los visitantes famosos, como Hemingsway. Por eso un pasatiempo del visitante es ir leyendo las placas: Aquí estaba la primera escuela de Key West. El 12 de enero de 1861 Flagler habitó esta casa. En una esas lecturas obligadas mis ojos se posaron una placa que decía así: El 15 de mayo de 1903 aquí no pasó nada. Me llamó la atención del humos del propietario que no quiso ser menos que sus distinguidos vecinos y sin falsear la verdad pudo poner otra placa en su fachada. Tramo a La Habana. El corto tramo que separa a Cuba de la línea de cayos donde termina el territorio americano hace que esta navegación sea corta, aunque haya que enfrentar la corriente del golfo en contra. La vuelta desde Cuba a Key West es mucho más fácil pues la nave es empujada por la corriente del Golfo, con menor probabilidad de tener marejada en contra. Aunque el tiempo no fue óptimo, con vientos de 20 nudos, no fue un tramo muy desapacible y pudimos entrar al canal de acceso a la Marina Hemingsway sin tener riesgos ante los vientos y oleaje cruzado que a veces afectan el canal y hacen correr el riesgo de desplazar la nave a los arrecifes. Al entrar en La Habana tuvimos que armarnos de paciencia ante la habitual burocracia cubana que obliga a cinco controles antes de poder entrar al muelle de atraque . Luego de pasar sanidad, control de Agricultura, Migraciones, Aduana y Guardia Costera pudimos atracar en la marina, que estaba mucho más poblada de embarcaciones que en años anteriores. Pensábamos quedarnos unos cuatro o cinco días en la Marina antes de seguir rumbo a Mexico y aprovechamos para hacer algunos trabajos de barnizado en el barco e intentar una excursión de pesca. Para hacer la pintura contratamos a un pintoresco personaje apodado El Indio, que realizó un eficiente trabajo de limpieza, preparado y pulido antes de pintar. Hicimos todos buenas migas con el Indio, que nos contó algunas anécdotas, como cuando se alimentó una semana de comida de gatos, pues estaba en el barco de un americano que las tenia y creía que era atún. O sus experiencias con cinco esposas, muchos hijos y diversas casas que iba dejando a cada esposa a lo largo de la misma calle, donde todas se conocen y se saludan. Por esa gran sociabilidad del pueblo cubano y la autoestima e igualdad que impone en el individuo la doctrina socialista, el Indio nos invitó a cenar a su casa. Una casa muy humilde, con solo una mesa de madera, cuatro sillas de plástico, un catre doble y un baño sin puerta, a donde Svitlana le daba verguenza hacer pis. Puso música cubana y un casette de humoristas cubanos de Miami con bromas duras contra Fidel, de los que se reía sonoramente a pesar de ser un fiel partidario de la revolución. Nos homenajeó con un pescado al horno, pescado frito y varias tortas. Tiró la casa por la ventana con esa comida y mostró el rostro más agradable de la comunidad socialista: la camaradería, el desinterés por la acumulación de dinero, la conformidad con lo poquísimo que se posee por la equivalencia en la situación de todos: si bien hay una gran pobreza, no hay miseria, las necesidades básicas están satisfechas, no hay discriminación ni escándalo contra el marido de varias esposas. Se respira también un auténtico afecto latinoamericano dentro del principio general de solidaridad con los pueblos. Veamos ahora el lado perverso de la burocracia cubana. Quise invitarlo al Indio a pescar, pero pese a que gestioné la autorización ante los Guardia Frontera , no le dieron la autorización. Solo tenia permiso para trabajar en mi barco, pero no podía aceptar mi invitación para pescar. Solo podía acompañarme un guía autorizado. Insistí en que si no se lo aceptaba como invitado, ya que estaba autorizado para pintar, lo haría para aprovechar el tiempo durante el día de pesca. No entiendo como se puede privar del placer de un día de descanso a un fiel partidario de la revolución. Nos acompañó un guía y aunque puso toda la técnica de las artes de pesca, durante las horas que estuvimos haciendo trolling con diversos señuelos y carnadas no tuvimos ni un pique. El hombre se sintió mortificado por no haber obtenido resultados y no bien llegó a puerto se puso su equipo de buceo y rastreó las aguas del canal para traernos media docena de langostas con que nos obsequió. Otra muestra de la amistosa personalidad de los hombres y mujeres de Cuba. Tramo a Mexico. Partimos rumbo a Mexico, habiendo programado día y medio de navegación. Primero bordeando toda la isla hasta llegar a su extremo occidental, y cruzando luego el estrecho que la separa de la península del Yucatán. Este estrecho suele estar muy movido con mal tiempo pues pasa por allí la corriente del Golfo y como sucede generalmente el flujo de las olas se afecta con la conformidad geográfica de la costa y adquiere cierta irregularidad en sus movimientos lo que hace más difícil adoptar un rumbo que evite el oleaje de través. Era un trecho relativamente largo de navegación para el Caribe y tuvimos la mala suerte que se nos rompió el piloto automático durante la travesía, desde la partida misma, por lo que tuvimos que timonear la embarcación, lo que es una tarea más fatigosa que limitarse a controlar el instrumental y el rumbo durante la carta. Aunque planeábamos entrar por Puerto Ventura, a una 60 millas de Cancún, dada la dificultad con el piloto automático, decidimos entrar a Mexico por Isla Mujeres que es el puerto más cerca de Cuba. Aquí viene una advertencia a los navegantes. Las cartas digitales de Puerto Mujeres tiene errores con la realidad, pues están desplazadas unas dos millas sobre las reales coordenadas geográficas de manera que parecía que navegábamos sobre la tierra y no podíamos identificar bien el acceso a la Isla. Por otra parte las rocas hundidas y otros riesgos de navegación no están bien demarcados adecuadamente y las boyas confunden pues no está bien diferenciada la boya de acceso de las demás de modo que hay que actuar con precaución para encontrar el acceso a la Isla. Después de varios intentos de aproximación a Cancun optamos por hacer entrada por Isla Mujeres, porque el acceso se veía más claramente y porque en las guías de viaje se indica que los trámites de ingreso son más accesibles en ese puerto. Entramos a la primer marina que vimos, aunque se apreciaba que los muelles de palos de madera estaban todos destartalados. Al atracar marcha atrás por popa, me ubiqué en el cockpit para dar instrucciones a Dardo que estaba en la cabina de pilotaje , pero éste interpretó mal mis directivas o no supe indicarle con precisión cuanto debía retroceder, de modo que dio un fuerte impulso al motor embistiendo al muelle de madera, ya muy destartalado, que amenazó con desplomarse totalmente, y a duras penas se mantuvo en pie. En Isla Mujeres conseguimos un oficial de la marina mexicana que vino a inspeccionar el piloto automático y finalmente descubrió que el problema consistía que un comando que estaba en paralelo en la cubierta superior se había llenado de sal y hacia un falso contacto que interfería con el piloto. Las historias de que en Isla Mujeres es más fácil el ingreso son absolutamente falsas. La burocracia es infernal y no querían permitir el desembarque de Svitlana porque no tenía visa. Le mostré las guías de viaje oficiales a las autoridades migratorias, donde decía que si un pasajero de una embarcación de placer no tenía visa, podía obtenerla en puerto. La respuesta fue que para ello los papeles tenían que ir a Cancun lo que demoraría 15 días. Como me enseñaban los viejos principios de la resistencia civil a las dictaduras militares, cuando una ley es injusta hay que quebrarla, por lo que opté por no darle pelota a los burócratas y Svitlana desembarcó en Mujeres de contrabando y pudimos visitar Cancun y XCaret. Cuando estábamos en XCaret, a Dardo se le ocurrió dar una vuelta en el dinghy, pero cuando se había alejado una milla el motor empezó a ratonear hasta que se apagó. Tuvo que tirarse al agua y nadar con el bote a rastras hasta que un pescador lo vio en ese notable esfuerzo y lo remolcó a la marina. Llamamos a un técnico para que viera el motor, aunque era nuevo. El problema consistía en que la tapa de carga de combustible había perdido una junta y por allí se filtraba el agua de lluvia o las salpicaduras del agua, de manera que hubo que vaciar el tanque, limpiar los conductos y llenarlo con nafta limpia. Luego de algunos de estos percances, la permanencia en Mujeres se hizo más larga que lo previsto, por lo que no pudimos ir a Puerto Aventura y resolvimos volver directamente a USA, sin hacer escala en Cuba, pues los trámites de ingreso desalientan un poco. Es que el mar libre, donde la autoridad es uno mismo, y tiene la libertad de moverse sin tutorías ni reglamentaciones en un estado de libertad como ya no se conoce en tierra forme, contrasta con la dura realidad de tierra firme, especialmente en los países de menor nivel de desarrollo donde las exigencias de formalidades absurdas es el patrón normal del procedimiento de ingreso. El viaje desde Mexico a Miami duró dos días y medio y la travesía se desarrolló normalmente, y lo único que falló fué el teléfono satelital, probablemente por un problema de antena. Llegamos a casa en condiciones, sin mareados ni enfermos.
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