Marinabella

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Martín era mi hijo. Mi único hijo varón. Cuando nació, yo estaba afuera, pero tras haber tenido dos nenas, imaginaba que él iba a ser mi compañero de paseos. Martín era la vida misma, no había travesura que no intentara, ni aventura que no quisiera emprender. Murió trágicamente en un accidente de auto a la edad de Cristo.
Era un espíritu noble y desinteresado. Amaba la naturaleza y prefería andar embarrado o subirse a un árbol toda la noche para acechar a un jabalí. Era desinteresado de todo lo material. Aventurero, noble y transparente. Quería descubrir tesoros hundidos o subir al Himalaya. Yo corté un poco sus alas de aventurero para que estudiara, lo que hizo para darnos a su madre y a mi la satisfacción del hijo "doctor". Hoy lamento haberle puesto límite a su libertad. Martín hubiera adorado acompañarme y será mi guía en este viaje. Mi amigo. Mi brazo fuerte. Mi mirada vigilante. Mi alegría de vivir. Martín. Mi Martín MARTIN

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