18 de Enero de 2001. Viaje a
Cuba. Hoy comienza un nuevo viaje de
Marinabella, más corto, para continuar probando el buque y la
veteranía de sus tripulantes para enfrentar las peripecias del
viaje a Mayo a Europa.
Se incorporaron a la travesía dos
experimentados amigos, Abel y Silvina, que han navegado
frecuentemente las aguas del río color de león.
Para establecer con rigor la
disciplina a bordo, el capitán fijó un severo horario de
partida, las tres de la mañana que luego adelantó
inesperadamente para las dos de la mañana. El propósito del
horario era llegar a Cayo Hueso antes de que anocheciera, para
evitar maniobras difíciles en las abigarradas amarras de
Galeón Marina. Como se verá después, esa decisión fué
equivocada.
Se aclara que para evitar críticas
a la parcialidad del capitán al escribir este libro de
bitácora, se eligió a uno de los tripulantes para que escriba
este informe. Su identidad se mantiene en secreto para evitar
las iras del capitán.
El capitán señaló, que prefería
partir de noche desde el amarradero permanente de Marinabella,
cuyas aguas podía navegar con los ojos cerrados, lo cual era
literal pues como había roto sus anteojos, a duras penas veía
el instrumental.
A poco de partir, el capitán pasó
una boya roja por la derecha, cuando debía hacerlo por la
izquierda, por lo que encalló la nave antes de salir siquiera
del puente de la Avenida 163. Otra boya que pasa a los anales de
Marinabella, la 62.
Luego del fárrago de
maldiciones de rigor el capitán sugirió varias posibles
soluciones, todas las cuales fueron desechadas por el mejor
juicio de la tripulación. Entre las alternativas que propuso el
capitán se encontraron la de ir nadando con un cabo a una boya,
repitiendo una experiencia exitosa para salir de un varadero en
North Carolina. Fué descartada la propuesta por descabellada,
ya que no había ángulo para empujar con el malacate la
embarcación y porque si se hubiera tendido una soga tensa entre
las boyas roja y verde, que era el obligado canal de paso para
el tránsito, se hubiera originado una serie de accidentes que
ninguna póliza hubiera cubierto.
Sugirió entonces el
Capitán arrojar el dinghy al agua y tratar de empujar con él a
Marinabella. Así se hizo, entre las protestas de la
tripulación que preferían esperar hasta que creciera la marea.
Por supuesto que con toda la fuerza del motor del dinghy apenas
se pudo mover un centímetro la masa de 50 toneladas de
Marinabella, lo que demuestra el total desconocimiento de las
leyes de la física por parte del Capitán.
Apenas subió la marea
el Capitán pudo sacar a Marinabella de la encalladura y se
corrió unos 100 metros el barco con el dinghy a la rastra hasta
aguas más profundas para poder subir el dinghy a la cubierta
superior.
Esta operación fué
muy difícil y consumió todas las energías de la tripulación
mientras el Capitán daba instrucciones que fueron imposibles de
seguir porque el centro de gravedad del dinghy una vez
suspendido estaba desplazado de su lugar de asiento, lo que
obligaba a tener que levantar el dinghy a mano y hablamos de un
bote rígido con consola y un motor de 40 HP. Habia además que
pasar el dinghy por un lugar muy estrecho. Resultado: cuando los
tripulantes no pudieron sostener más el dinghy éste cayó al
agua desde 5 metros, no dándose vuelta por milagro. Sólo por
ese último y desesperado esfuerzo, que a veces permite salir de
una situación complicada sin saber como alcanzaron las
fuerzas, pudo la tripulación alzar el dinghy y colocarlo
en su asiento.
Cuales fueron las conclusiones del
capitán luego de este episodio inicial que demoró tres horas
la partida. Bueno, está visto que al que madruga Dios no ayuda.
Lamentable.
La tripulación debió descansar
después de este enorme esfuerzo y se fué a dormir y el
capitán decidió seguir la ruta por sí mismo. Debemos señalar
que la ruta se desarrolló sin inconvenientes más por la
excelente calidad del GPS que por las habilidades del capitán.
A las once de la noche llegó a Cayo Hueso Marinabella y se
decidió echar anclas para evitar tener que entrar de noche por
la marina. Luego de casi 22 horas de navegación (incluyendo el
período de varadura), la tripulación durmió a pierna tendida,
mientras el capitán asumió su responsabilidad por los
percances iniciales y decidió dormir en la sala del piloto para
controlar que el buque no se moviera durante la noche.
19 de enero. Al día siguiente la tripulación
tuvo que pronunciarse por dos opciones o ir en el barco hasta
Galleon Marina o intentar nuevamente la azarosa maniobra de
bajar el dinghy. El Capitán sugirió bajar el dinghy en base a
un nuevo método que consistía en remover previamente la
baranda que recorre la cubierta superior y hacer maniobrar los
dos malacates uno a su tiempo para ir mejorando la posición al
subir, hasta poder cambiar el arnés para levantar el dinghy.
Esta variante resultó más fácil que la anterior y se pudo
bajar el dinghy.
Llegados a la costa, tuvo lugar la
amarra del dinghy, que debía hacerse en un lugar habilitado
para guardar unos 20 dinghies, pero la capacidad estaba
abarrotada con más de 30, por lo que hubo que ir empujando
botes hasta hacer un espacio, lo que en principio pareció
difícil pero se consiguió. Lo primero que dispuso el Capitán
fué ir a West Marine a comprar cable para armar un nuevo
arnés. Quedó un poco corto, pero se suplementó luego con un
agregado que permitió llegar casi a un equilibrio adecuado del
dinghy, lo que permitió subirlo mejor.
Mientras recorrimos Cayo
Hueso y almorzamos en el Aliento del Jabalí. El capitán
regresó al barco, luego de reparar sus anteojos, pues hasta
entonces solo veía penosamente con un ojo lo que lo llevaba a
pedir asistencia a cada rato a la tripulación.
20 de enero. A las seis de la
mañana Marinabella estaba preparada para realizar el cruce de
la corriente dcel golfo y emprender el rumbo a La Habana. La
noche anterior el Capitán consultó al servicio metereológico
que tiene contratado para asistirlo en sus travesías. Los
informes del servicio para el 20 de enero indicaban que no
habría olas superiores a 0.80 metros y swells de 0.60 metros.
Sin decir nada a la tripulación,
el capitán levó anclas y emprendió la salida en la plena
oscuridad. A las dos millas de salir casi embiste una gran boya
verde, auque pudo eludir el choque frontal por los gritos de
Abel que estaba en la proa con una mejor perspectiva e indicó
la urgente modificación del rumbo.
De acuerdo con los datos del
servicio meteorológico, las olas serían de tres pies al
principio pero bajarían a menos de dos pies al llegar a Cuba.
Sin embargo, antes de alcanzar el eje de la corriente del Golfo
ya las olas alcanzaban más de nueve pies (2,70 metros) y que en
algunos casos llegaban a doce pies. Durante la corriente del
Golfo algunas olas alcanzaron a 4 metros (más de 13
pies)y hacían crujir a los estabilizadores que no tenían la
suficiente potencia para contrarrestar la fuerza de las olas
cruzadas que golpearon durante 10 horas el lado de estribor.
En estas condiciones llegamos a la
entrada a Marina Heminway. El capitán consultó por radio a la
Marina donde le indicaron que debía adoptar un rumbo 140 grados
y utilizar toda la fuerza de los motores para entrar en el canal
sin ser arrastrastrado por la fuerza del oleaje a los arrecifes.
Toda la tripulación se puso entonces en trance para la
maniobra, observando el GPS-Plotter para pasar justo por el
centro del estrecho canal de acceso. A 80 metros de la maniobra
Abel se apoyó sin querer sobre el panel de control y
desconectó el GPS. Rápidamente se volvió a activarlo, lo que
generalmente demora 3 minutos por el rastreo de los satélites.
Ante esa emergencia era difícilo volver por lo que resolvimos
seguir adelante y rogar que el GPS se posicionara nuevamente
antes de entrara las dos boyas de entrada. La corriente, el
viento y el oleaje eran cada vez más fuertes y al entrar
arrastraban a la embarcación hasta la boya verde. Un último
golpe de timón y la reaparición del GPS hicieron ubicar a la
embarcación en el canal adecuado, no sin haber tenido todos un
derrame de adrenalina por el riesgo experimentado.
Al dia siguiente un grupo de
argentinos que había venido con un velero nos dijeron que ellos
habían intentado la misma maniobra el 31 de diciembre y el
oleaje los llevó contra los arrecifes donde echaron ancla y
arrojaron una bengala para que los remolcaran, lo que hizo la
Marina, sacándolos del atolladero con la sola pérdida del
timón. El velero está reparado esperando turno para ser
levantado.
21 de enero. El capitán y la
tripulación del Marinabella recorrieron la viaja Habana y
pasaron la noche en Tropicana para festejar la feliz entrada en
Marina Hemingway, pese a las difíciles condiciones de entrada.

Svirtlana y Eduardo en las
cascadas.
Svitlana en las cascadas

Silvina en las cascada.

Abel en las cascadas

Eduardo y Svitlana en las cascadas.
Palabras finales del Capitán.
El capitán acepta las críticas
del redactor del cuaderno de bitácora, aunque en lo sucesivo,
por razones de coherencia de estilo, la crónica de viaje será
escrita exclusivamente por el Capitán. Una amplia
investigación ha comenzado para determinar quien fué el
anónimo autor del rol, para excluirlo de futuras tripulaciones,
Sin embargo el Capitán ha
reconocido que los mayores riesgos se originaron por poca
visión en la nevegación nocturna, por lo procedió a instalar
un reflector de 2.000.000 de unidades lumínicas y a
comprar dos pares de anteojos.
Prescinde esta vez de calificar a
su tripulación, lo que se hará después de verificada la
investigación, para seguir entonces el sabio proverbio de
dar a cada uno lo suyo.