Desde Canada


| 5
de Octubre de 2000. Llegamos de noche con Andrés por auto a
Port Stanley. El viaje
desde Toronto duró unas dos horas, pues llovía. Aunque era de
noche, no pudimos esperar al día siguiente y fuimos al puerto
para ver si veíamos al barco, aunque no teníamos la más
remota idea de su ubicación.
Sin
embargo, al poco tiempo Andrés la distinguió entre todos los
barcos, pues toda embanderada y reluciente nos esperaba como una
novia con un tocado de azahares. Allí estaba MARINABELLA
Aunque la
había conocido desde sus costillas de acero, esperaba ver como
lucía terminada. Y allí nos aguardaba con una cadena de
banderines que pendía desde popa a proa haciendo centro en su
mástil. Manfred Kanter le había dado su maquillaje final y
fué un amor a primera vista. Espero que resista al trato rudo
de un largo matrimonio con el mar. Quedamos con
Andrés en volver al día siguiente para
inspeccionar a la novia por adentro y conocer todos sus secretos.
Marinabella es la
principal atracción de este pueblito de 2,200 habitantes donde
no hay mucho que hacer y todos se acercan al muelle para
contemplarla.
Cuando le comunicaba
mi partida, una mujer me dijo. Qué lastima estábamos
acostumbrados a venir al muelle para ver el barco!
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6 de Octubre de 2000. Esta
foto fué sacada desde el lado opuesto al canal donde está
amarrada Marinabella. Andrés tuvo la idea de cruzar un
puente para ir al otro lado y tener una visión completa del
barco.

Port Stanley es el
puerto de Saint Thomas, una localidad agrícola que queda a unos
40 Kilómetros de London, la ciudad mayor de toda esta
área de la Provincia de Ontario.
Hoy hicimos todo un
recorrido del barco con Andrés para hacer arreglar algunos
detalles propios de toda terminación. El mayor problema es que
no anda elwater maker, pues no hay aquí membranas, por lo que
tendremos que instalarlo en New York. No nos precupamos mucho
porque hay a bundancia de cerve za a bordo y hace mucho frío
para bañarse.
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| 6 de Octubre. Nos
levantamos temprano para inspeccionar el barco. Manfred Kanter
nos llevó hasta el muelle.
Tuvo que hacer venir a un experto
en comunicaciones pues nadie puede operar el SSB.
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7 de Octubre. Fuimos
a London a comprar herramientas para el barco, ya que se
olvidaron de enviarme las que tenía en Miami. Cuando se trata
de comprar herramientas uno nunca sabe que es lo qued se puede
descomponer. Pero generalmente ocurre que si uno necesita una
llave del 10, ha comprado una del 12, si requiere una manguera
de media pulgada ha comprado una de 3/4, por lo que el barco se
termina arreglando con cable, cinta o algún viejo alambre.
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| 8 de Octubre. Hoy
partimos en auto hacia Toronto para buscar a Svitlana y Marina y
a Patricia. Desde allí vendremos hacia Port Stanley, pasando por
las cataratas del Niagara, ya que decidimos no hacer ese
recorrido con Marinabella por razones de seguridad. |
9 de octubre. Pasamos
por Niagara Falls, que es solo un desvio de 50 Km.,
especialmente para verificar la división del rio Niagara y no
equivocarme al luego al tomar el camino a los canales y no el
del las cataratas. Además, al ver algún barco encallado en los
rápidos que conducen a las cataratas, es un espectáculo
ejemplificativo de un error que no hay que cometer. In por el
brazo derecho (canal Erie) y no el izquierdo (cataratas). Lo
repito otra vez para que se me fije: In por el brazo derecho
(canal Erie) y no el izquierdo (cataratas).
Marina está encantada con el
barco. No deja de cantar y recorrer los camarotes. Le dije que
se llamaba Marinabella, pero solo le quedó la última parte y
lo llama Bella.
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| 10 de octubre. Ultima
revisación del barco. Partimos al lago Erie, pero a los pocos
minutos tuvimos que volver por que no arrancaban los
estabilizadores que estaban em falso contacto. Se arreglaron y
salimos.

Con Manfred Kanter antes de salir de Port
Stanley

Bajando en una de las compuertas del Welland
Canal
|
11 de Octubre. Navegamos
toda la noche, entre las seis de la tarde y las seis de la
mañana y con el uso de los estabilizadores se soportó muy bien
un pequeño oleaje del barco con vientos de 20 millas por hora.
Pusimos el piloto automático y me quedé de vigilancia en el
puente, con el radar puesto, pero sólo pasó un barco y a una
distancia muy lejana.
Llegamos al canal Welland que une
el lago Erier con el lago Ontario a las seis de la mañana, aún
de noche y entramos en el puerto. Todo el mundo estaba dormido y
nos costó encontrar a alguien para que nos indicara la entrada
a las compuertas. Finalmente lo hicimos y nos indicaron que
siguieramos a otro barco, un Hatteras grande con el nombre de
High Gravity.
Hay ocho compuertas en
el canal Welland, todas menos una de 40 metros de diferencia. A
nosotros nos tocó bajar, porque el lago Ontario está a un
nivel inferior a 350 metros del lago Erie. Estabamos preocupados
porque eran muy altas y las primeras y justamente Svitlana
estaba atendiendo a Marina, pero los aspirantes a marineros
Andrés y Patricia se comportaron muy bien en el manejo de las
sogas para mantenerse unido a la pared en la bajada, sin que la
corriente golpee el barco contra la pared. Andrés se
reinvindicó un poco porque para asombro de los navegantes que
lean esta página, se mareó en el lago Erie y se volvió a
marear en el lago Ontario, por lo que se echó en su camarote y
quedó fuera de combate durante las dos jornadas, pese a haber
ingerido una fuerte dosis de Dramamine. En cambio, Patricia no
necesitó tomar remedios pues soportó bien el corto oleaje del
lago. |
| 12 de Octubre. Luego
de cruzar las compuertas del Canal Welland, llegamos a Puerto
Weller sobre el canal Ontario y decidimos seguir navegando de
noche para llegar a Oswego, en el territorio de los Estados
Unidos por la mañana. El capitán del High Gravity no se animó
a navegar de noche y se quedó en el muelle a esperar el dia
siguiente.
Hicimos la jornada nocturna sin
novedades, con una espléndida noche de luna llena, que hacía
brillar las olas del lago, perobb con Andrés y Svitlana
mareados.
Llegamos a Oswego, ya
con luz y me fui a la marina donde tenia que bajar el mastil
para recorrer el canal Erie, pues tiene puentes fijos más bajos
que la altura normal de Marinabella. Alli hay un video teléfono
de Migraciones, donde si todo está bien, lo dejan pasar.
Seguramente me vieron cara de terrorista árabe pues estaba
cansado de navegar un dia y una noche durmiendo a ratos y no me
había afeitado. Lo cierto es que me dijeron que tenia que
esperar que llegara un inspector de Syracuse, pues en Oswego no
había oficina de Migraciones y que sólo llegaria a las 5 de la
tarde y que no podíamos dejar el barco hasta que nos diera luz
verde. Eran las 9 de la mañana de manera que teniamos
tiempo para bajar el mastil, cargar diesel para balancear el
barco y ganar el sueño perdido en la travesía del Ontario.
Perdimos así las horas que le habíamos ganado al High
Gravity que navegó de día y llegó a las 5 de la tarde por lo
cual nos encontramos nuevamente con él.
Los oficiales de Migraciones y
Aduana nos dieron el clearance para entrar a los Estados Unidos
y navegar sus aguas por un año. |
Bajando el mastil em Oswego

En los canales del Erie Canal, el grumete más
chiquito disfruta del paisaje. |
| 14 de octubre. Salimos
de Oswego, con el mastil bajo, siguiendo al High Gravity, como
nos habian indicado por el canal 13 de VHF. Pasamos así varias
compuertas hasta llegar a un trecho, donde el High Gravity se
nos adelantó mucho y el camino se bifurcaba sin indicaciones
claras. Andrés, que estaba al comando, tomó el camino equivocado
y encallamos con gran estruendo pues el fondo era de roca
blanda. Tuvimos que esperar al dia siguiente para que
viniera un equipo de buzos, pusieran una bolsas inflables debajo
del barco, lo levantaran y lo sacaran de su encalladura. En
realidad, la culpa fue del High Gravity, que se alejó sin
dejarnos alcanzarlo sabiendo que no teníamos cartas de la zona
en el GPS. Además cuando se enteró de la encalladura, siguió
camino sin ofrecernos dar un tirón para salir. Si algún
navegante encuentra a un Hatteras con el nombre de High Gravity,
no lo consideren como un miembro honorable de la comunidad
marítima.
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Andres con cara de CULPA BLE al lado del barco
de buzos que nos ayudó a salir |
| 15 de octubre. El
capitán no necesitó hacer uso de la ley de abordo y excluir a
Andrés del comando del barco por haberlo encallado, porque
éste estaba deprimido por su error y no quizo agarrar el
timón. Sin embargo, demostró buen manejo de las sogas en las
compuertas y eso lo animó a tomar nuevamente el timón en su
turno, pero poniendo ahora todos los ojos en las boyas y bajando
la velocidad en caso de duda. El capitán lo asistió durante
una hora, para trasmitirle todas las indicaciones en base a su
larga experiencia marítima, y cuando lo vió que había
aprendido lo suficiente lo destinó nuevamente al timón en sus
turnos acordados. Debe decirse aquí que desde entonces y por
unos días se
desempeñó magníficamente al comando, esquivando los troncos y
evitando los bajos pedregosos.
Cruzamos así al comando de
Andrés, ya restablecido de su estado depresivo, todo el lago
Oneida donde no hay muchas señales y hay que estar atento para
no perder el rumbo.
A las seis cierran los compuertas
hasta el dia siguiente y ese día llegamos casi a las 6 en
primera línea de turno frente a la compuerta 20. Desde esta
compuerta se empíeza a bajar ya que las diez anteriores fueron
para subir. |
Saliendo de una compuerta

Svitlana resultó una marinera profesional en
las compuertas |
| 16 de Octubre. Hoy
tuvimos un día excepcionalmente productivo. Hicimos 10
compuertas y varias decenas de millas de navegación sin
contratiempos. Svitlana lleva un cuaderno con los errores del
capitán y la tripulación para incorporarlo en el anecdotario de las
macanas cometidas. Por ejemplo, debi esperar media hora en una
compuerta porque por error señalé que iba al Oeste y me
bajaron el nivel del agua, cuando en realidad iba al Este y
debían subir el agua. El jefe de la compuerta debe haber
pensado que estaba borracho por hacerlo subir y bajar el agua.
Con estas pequeñas macanas pudimos cumplir la expectativa de
hacer 10 compuertas y estamos ya amarrados en la pared de la
compuerta 9 para hacer mañana las ultimas compuertas y llegar
al Rio Hudson. El personal a bordo que tiene la tarea de
manipular las sogas para sostener el barco cuando entra o sale
agua de la compuerta, Svitlana y Andres cumplio sus tareas
magníficamente, lo que nos permitió hacer 10 compuertas en un
solo dia |
17 de Octubre. Por
ser hoy el día de la Lealtad, transmito mis saludos a todos los
compañeros a los que llegue esta pagina. Hoy pasamos las
ultimas compuertas, siendo que las últimas cinco están todas
seguidas y son las más altas del mundo en un trecho tan breve.
Cuando creíamos que habiamos terminado la tarea de las
compuertas, nos enteramos que habia una más, el Federal Lock
de Troy, que pasamos y llegamos finalmente al Hudson. Alli
buscamos una marina donde nos suban el mástil. Encontramos una
pero el de do-it-yourself, de manera que como era ya oscuro,
dejamos para el día siguiente la tarea de manipular la pluma
para levantar el mastil. Mañana les contamos como nos fue. |
| 18 de Octubre. Nos
levantamos a las 7 de la mañana y sin la ayuda de nadie de la
marina pudimos levantar el mastil de Marinabella, con una vieja
pluma operable manualmente. Casi dejo un dedo en el engranaje de
la pluma, pero pude sacarlo a tiempo.
Bajamos el Hudson, con el proyecto
de hacer 11 horas de navegación y llegar a New York de
día. En un momento se me ocurrio ir abajo a hacer unos
huevos fritos para Andres, a quien le di el comando. En esos
cinco minutos se equivocó el camino y se fué hacia los bajos y
encallamos a eso de las 10 de la mañana. Por suerte el fondo
era de barro pero tuvimos que esperar hasta las cuatro donde
crecía la marea para que el barco volviera a flotar.
Decidimos seguir rumbo abajo del
rio Hudson, por más de 100 millas. Llamamos a New York avisando
que por un contratiempo íbamos a llegar de noche a la
Marina que nos había reservado mi primo Tommy, pero me dijeron
que estaba muy llena y que no podíamos llegar de noche.
Emprendimos entre las 8 y las 6 el viaje hacia New York y cuando
se hizo la noche, resolvimos seguir navegando con el radar, por
unas horas hasta encontrar una marina donde pasar la noche. Fue
bastante duro porque habia que encontrar el camino de las boyas
para evitar nuevos bajos como el que habíamos encallado y
evitar a las barcazas que navegaban a todo tren río arriba. A
eso de las 12 de la noche después de la tensión del
encallamiento y del cansancio de seguir el radar, estábamos
con un 50 % de nuestra capacidad. En ese momento se me
apareció de frente una boya roja y aunque giré violentamente
no pude evitar tocarla de costado. El barco sufrió un pequeño
rayón en un costado, pero hay una boya menos en el Rio Hudson.
A esta altura de nuestro cansancio, las montañas de los
costados se nos aparecían entre las sombras de la noche como
gigantescos adversarios. Sin duda de día era una un magnífico
espectáculo, pero de noche sólo eran sombras amenazantes. Me
recordaba al film de Blancanieves, cuando la niña se asusta de
las sombras de la noche, pero al despertar ve que solo son
arboles, arbustos y animales del bosque. Nuestras sombras y
nuestras amenazas de colisionar con las boyas, amén de nuestro
cansancio nos determinaron a anclar por la noche hasta que
se hiciera la luz. Busqué una profundidad de 10 pies y echamos
unos 20 metros de cadena para que no se desplazara con la
corriente del río. Así pasamos la noche entre algunas
escapadas al GPS para controlar latitud y longitud y verificar
que el buque no se moviera. Nos habíamos quedado sin generador,
porque se terminó su gas oil y se llenó de aire, por lo que
tuvimos que dormir con media vigilancia y muertos de frío. Son
las delicias de la navegación. |

Andres en proa, en las aguas tranquilas de la
Florida, a 40 millas de la costa
|
| 21 de Octubre.
Salimos a las 7 de la mañana de Corth Cove Marina, en Battery
Park, con la vista de de estatua de la Libertad a poco de salir.
Todavía hay una media penumbra, por lo que las fotos de la
salida salen algo borrosas.
Bordeamos la costa de New Jersey,
porque las reglas de New York no permiten salir por la misma
ruta que los grandes barcos. A poco de la salida se pone el mar
más agitado, con olas de 5 a 7 pies y un viento de 28 nudos.
Todos los tripulantes están
mareados, incluyendo a Marina y a Alex, que a pesar de ser mi
marinero es el primero que se marea. Quise darle una pastilla
de Dramamine, pero se negó diciendo que tenía que
acostumbrarse si quería seguir como marinero. Resultado, toda
la tarde vomitando y totalmente inutilizado para el trabajo.
Juré desde entonces que no partiríamos de cada parada sin que
todos tomaran su pastilla. Hasta la pobrecita de Marina se
mareó y no quizo comer.
En esta emergencia, el capitán,
con su conocida experiencia, tuvo que asumir el timón por toda
la jornada hasta llegar a Atlantic City, donde resolvimos hacere
noche. Previa cargada de diesel en los tanques de babor para
equilibrar el barco que estaba un poco inclinado hacia estribor,
paramos en en el Trump Marina Hotel and Casino, que es una
marina que construyó Trump. Por suerte es muy amplia, pues si
no me hubiera encontrado en figurillas con el bow thruster sin
operar. Pasamos alli la noche sin ir al casino. Las chicas
aprovecharon para bañarse en el baños de la marinas, aunque yo
sigo con mi record de varios días de navegación sin bañarse.
Viva la mugre!
Durante este trayecto hicimos unas
80 millas de navegación, tramo corto de acuerdo a nuestra
agenda pero no habia otras marinas un poco más lejos y el
estado de la tripulación era lamentable.
 El
capitán se queda dormido sobre sus cartas marinas, después de
una larga jornada |
22 de Octubre. Salimos
de Atlantic City sin contratiempos pese a la ausencia de mi bow
thruster. Hicimos unas 30 millas hasta entrar a un canal en el
Cape May que tiene unas 15 millas de largo y se comunica con la
Bahia de Delaware. En estas 30 millas el mar estuvo muy picado,
tanto que el autopilot no respondía y hubo que operar el barco
a timón. Alex - a quien habia suminstrado una ración doble de
Dramamine ni bien se despertó- recuperó su crédito timoneando
el barco muy bien con una rápida respuesta a los empujones de
las olas. Agarramos una rogue wave, que esd una ola aislada que
viene de muy lejos y no sigue el patrón de las demás, que nos
hizo abrir las gavetas de platos y vasos, cayendo muchos al piso
haciéndose añicos.
Luego de recorrer este canal,
entramos a la Bahia de Delaware, donde las agujas son más
calmas. Pasaron numerosos barcos con contenedores, rumbo a
Filadelfia que al cruzarse a nuestro lado nos hacían ver la
pequeñez de Marinabella.
Seguimos así por 10 horas hasta
que llegamos a un canal que une las Bahias de Delaware con la de
Cheseapeake, también de aguas calmas. Cruzamos el canal que
tiene unas 20 millas y a la hora de entrar en la Bahia de
Cheseapeake, buscamos un sitio para anclar. Encontramos uno con
11 pies ded agua, anclamos y allí pasamos la noche.
23 de Octubre. Me levanté a las 6
de la mañana para actualizar el libro de bitácora y a las 7
emprendimos el curso de la Bahia de Cheseapeake, previo
suministro de la diaria pastilla de Dramamine a mis tripulantes,
con la sola excepción de Patricia, la única que no se maeró
en ningún trayecto del viaje. Este
día hicimos una jornada excepcional, pues las aguas de la bahia
estaban planchadas y pudimos avanzar a una velocidad de entre 10
y 11 nudos desde las siete de la mañana hasta las 2 de la
mañana cuando arribamos a Norfolk. El único problema lo
tuvimos a la entrada de Norfolk, donde nos precedía una barcaza
que arrastraba a algo enorme, que no veía muy bien por la
oscuridad. Cuando quisimos pasarlo, empezo a acelerar para no
dejarnos y cuando bajábamos la velocidad para dejarlo pasar,
también lo hacía, manteniéndose a la misma distancia. Nos
tuvo jugando una hora hasta que llevé a Marinabella a una
velocidad de 3 nudos, donde no tuvo máas remedio que alejarse.
Otro cabrón del mar, como High Gravity, pero no pude tomar nota
de su nombre para denigrarlo ante los navegantes que puedan leer
esta página. A las dos de la
mañana decidí anclar en la bahia de Norfolk a unos 200 metros
de un submarino hundido. Allí es la base de mar más importante
de USA, pero que yo sepa no hubo ataque japonés a Norfolk, por
lo que el submarino debe haber sido hundido por un capitán más
inexperto que el capitán de Marinabella. |
| 24 de octubre.
Hoy hicimos pocas millas, porque hubo demoras en una compuerta,
que era pequeña para los niveles de las compuertas de Canadá,
pero aquí no están acostumbrados a operarlas. A pesar de todo,
desde la salida de Norfolk hicimos unas 80 millas, hasta anclar
en un bajo cercano a un puente. Tuvimos que tocar bocina para
que nos abrieran el puente, pues los operadores no daban
señales de vida. El capitán aprovechó para trazar una nueva
ruta más precisa, teniendo en cuenta los bajos y los puentes,
utilizando con gran habilidad el GPS. Svitlana descubrió que
estaba invertido el orden de uso de los tanques de combustible,
por lo cual el barco estaba desbalanceado, con lo cual se ganó
una felicitación colectiva de la tripulación. También
demostró gran alcance visual para distinguir las boyas a la
distancia. En cambio, Andrés requiere anteojos pues no
distingue las boyas a la distancia. Al respecto, Svitlana
debutó con sus versos en español escribiendo una oda a las
boyas que dice así:
Oh, Boyas, boyas,/ que maravilla,
que pasión/ las boyas verdes, rojas/ que colores/ Gustavo y
Andrés/proyectos a aspirantes/uno no las ve y el otro las lleva
por delante.
También escribió una oda al
encallamiento que dice así:
Los marinos pelotudos/un día
salieron pasear/en un bote tan grandote/que no supieron
manejar/lo golpearon, lo encallaron en un pueblito Phoenix.
26 de Octubre. Salimos de Jarret
Bay Marina, un lugar que recomendamos a todos los navegantes y
recorrimos unas 10 millas por los canales de acceso al puerto
hasta llegar al Océano. Nuestro propósito original era entrar
en Masonboro Inlet, para recorrer por los canales unas 60
millas, para poder sortear así las aguas del Cape Fear, que por
algo tiene ese nombre y si Uds. vieron la película de Robert de
Niro, llamada Cape Fear recordarán los vientos con fuerza de
gale que azotan la zona. El mar estaba muy revuelto con olas de
8 a 10 pies que superaban la altura del barco. Debido al oleaje
cambié la fuerza con que el autopilot encara lascorrfentes
dándole más potencia al rudder. Con este cambio, el autopilot
soportó bien el embate de alaqs olas y pudo encarar el rumbo,
con grandes correcciones que hacía para reubicarse luego
de las barrenadas que recorría el barco al bajar las cumbres de
las olas y de las detenciones que soportaba al enfrentarse con
una nueva pared de agua. Como el barco soportaba bien el clima
tormentoso al capitán se le ocurrió sortear directamente las
aguas de Cape Fear, sin entrar a Masonboro y enfilar
directamente a Jacksonville, lo que suponía 40 horas sobre el
mar agitado. Debo decir que la tripulación estaba ya agrandad,
había tomado sus dosis de Dramamine y aceptó la propuesta del
capitán. Sin embargo, sufrimos la defección de nuestro
grumete, la señorita Marina que no quizo tomar la pastilla y se
descompuso mucho, vomitando varias veces y negándose a probar
bocado ni tomar su mamadera. Resolvimos entonces volver al plan
original, entrar a Masonboro y dejar el Cabo Fear para
navegantes más osados, que no los hubo porque el cuerpo de
Coast Guard emitió un warning que recomendaba a las pequeñas
embarcaciones no entrar al mar en tres días. Nuestro cambio de
planes nos hizo incurrir en un desvio de 30 millas y nuestro
derrotero se convirtió en un zigzag, pero estuvimos más
tranquilos cuando dejamos las aguas agitadas del Cape Fear (Cabo
Miedo) y nuestro pequeño grumete se recompuso rápidamente.
Entramos a Masonboro y recorrimos
unas veinte millas por adentro de sus canales. Cuando vimos las
magníficas casas de esta área de North Carolina nos
congratulamos por haber entrado para conocerf una área que
difícilmente veríamos en otras ocasiones. Todas las casas con
sus muelles y sus pequeñas embarcaciones, pues el bajo calado de
la zona no permite barcos de mayor porte.
Por el desvío se hizo noche pronto
y no queríamos incurrir en una nueva encalladura por lo que
Andres, Alex y el capitán se ubicaron en el puente con
prismáticos y night vision para elegir el mejor rumbo. Aún
así la noche erfa muy cerrada, por lo que resolvimos amarrarnos
a la primera marina, a eso de las ocho de la noche.
|
25 de octubre. Hoy
fué un día soleado, de calor excepcional que nos impulsó a
ocupar la cubierta superior para aprovechar la jornada
primaveral. Sin embargo, fué también el día negro del
capitán, pues con el resplandor del sol se alejó un poco del
camino planificado y encallamos por tercera vez cerca de una
boya y en una bahia totalmente desolada, donde estábamos fuera
del acceso al canal 16. La tripulación aprovechó para haver
mofa del capitán, muy aflijido por su primer error después de
tantos días de navegación.
A Alex se le ocurrió volver a
aproximarnos a la boya tratando de usar el malacate del barco.
Así se tiró nadando con una larga soga que amarró a la
boya. Desde el malacate del barco fuimos tirando y pudimos
acercarnos centímetro a centimetro aprovechando para tirar
cuando venía cada impulso de la corriente. Al cabo de media
hora nos liberamos del fango y recuperamos la flotación.
Grandes exclamaciones de júbilo y nuestras felicitaciones a
Alex, que fué el heroe de la jornada.
Desde entonces, Svitlana le
adhirió al capitán con cinta adhesiva una cucharita roja en su
muñeca izquierda y una cucharita verde en eu derecha, para no
confundir el sentido de las boyas.
Nuestro pequeño atraso nos hizo
llegar de noche a las puertas de Beufort, donde vimos una marina
llamada Jarret Bay Marina, donde pudimos atracar para pasar la
noche. La marina es pequeña pero muy confortable y muy bien
atendida por su gente. Cargamos combustible para balancear el
barco y prepararlo para el acceso al océano. Nos prestaron sin
cargo un automóvil de cortesía para poder ir al pueblo y
equiparnos de leche y pañales, que faltaban. Sin em bargo,
compramos de todo y estábamos equipados como para una travesía
del Atlántico.

Marina mareada en el Cabo Miedo (Cape Fear)

Mar calmándose al salir de Cabo Miedo
|
| 27 de Octubre. Salimos
de la marina a las 8 de la mañana. Un poco tarde de acuerdo a
nuestras costumbres madrugadoras, pero debíamos pagar la marina
y sólo abría a las 8. Nuestros planes del día eran llegar
hasta Georgetown o mejor Charleston en South Carolina, y luego
tomar el mar. Avanzamos solamente hasta un punto entre
Georgetown y Charleston en el Intracostal Canal. Anclamos en el
Little Creek, que da al Intracostal Canal, donde según las
informaciones de la zona no hay que bañarse porque abundan los
cocodrilos. Nosotros contribuimos a acrecentar los hábitos
carnívoros de los cocodrilos tirándoles una carne que había
cocinado la tripulación femenina que resultó durísima para
nosotros aunque espero que no tanto para los cocodrilos.
No tuvimos mayores contratiempos en
la jornada, excepto al tratar de pasar a una inmensa barcaza
cuyo motor provocaba una intensa succión en el agua, que nos
absorvió cuando nos acercábamos, por lo que tuvimos que
cambiar el ritmo bruscamente para evitar ser succionados por las
hélices de la barcaza. El piloto de la barcaza se dió cuenta
del efecto que producía, por lo que bajó su marcha y nos
permitió pasar.
Pasamos por unos canales llenos de
casas con largos muelles a sus riberas. Ocurre que el nivel del
agua junto a la costas es muy bajo y para poder acceder
con embarcaciones hay que construir largos muelles.Al pasar de
North Carolina a South Carolina, como hicimos en la jornada, se
advierte el cambio de estilo de construcción, que refleja la
conocida perspectiva de la edificación sureña. Casas con
columnas en el acceso, dos o tres pisos, ventanas grandes y
oblongas.
A las 10 de la noche llegó a
nuestro ancladero junto a los cocodrilos la vieja barcaza que
nos había permitido pasar. La barcaza volvió a salir a las 5
de la mañana de modo que no corríamos riesgo de tropezar con
ella otra vez y que nos succionara con sus potentes motores.
|
Andres contemplando la costa de South
Carolina. El estilo de las clásicas mansiones sureñas.

Otra casa de South Carolina |
| 28 de Octubre. Llegamos
a Charleston a las 3 de la tarde. Amarramos en una marina
ubicada al lado de la Marina Municipal. Se llama Ashley Marina,
pues está ubicada sobre el Rio Ashley. Está bien dotada, con
un servicio de van que llevan a los tripulantes al centro de
Charleston. Charleston es una tradicional ciudad de South
Carolina, con algunas viejas mansiones con largas columnas al
frente que recuerdan las de Lo que el viento se llevó.
Charleston fué un batión sureño durante la guerra de
secesión, pues el tipo de cultivos masivos que se hacían
allí, básicamente el tabaco, la convertían en el modelo ideal
de una sociedad esclavista. Paternalismo familiar, largas
haciendas, comunidades de esclavos que nacían y morían en la
plantación y el deseo de querer generar un seudo señorío
feudal llevó a los más caracterizados terratenientes, que eran
también los dueños de la estructura política a alinearse con
los confederados de Virginia y Luisiana, a los que luego
se agregaron los otros estados secesionistas.
Paseamos por el straw market, donde
aprovechamos para comprar camisetas y otras pamplinas, además
de ingredientes de cocina Cajun, entre ellos uno
denominado Muerte Súbita, que lo venden previa firma de un acta
de eximición de responsabilidad civil, pues dicen que una gota
equivale a cien dosis de jalapeño. Veremos si es tan fuerte
como dicen.
La llegada a la Marina para amarrar
fué todo un problema pues hay una fuerte corriente y poco
espacio. Las dificultades nos dejaron un poco preocupados por la
salida, para que la correntada no nos llevara contra otro barco.

Marina y Svitlana, recuperándose del mareo en
las aguas del Oceano, con olas de 12 pies.

Las agitadas aguas del Oceano frente a Georgia |
29 de Octubre. Hoy
fué un pésimo día. Empezamos por salir a las 6 de la mañana,
para aprovechar que era una hora en que el río Asheley estaba
estático y no había corriente ni viento. Alex desamarró
y quizo ayudarme a partir tratando de empujar el barco, lo que
es muy difícil pues pesa más de 40 toneladas. A pesar de ello,
logró hacerlo y cuando se disponía a saltar al barco, yo
pensé que ya lo había hecho y le pegué una acelerada al
motor, por lo que en lugar de alcanzar el barco cayó al agua
completamente vestido. Me pegó un grito y lo ví nadando en el
río y tratando de subir al muelle. Tuve que dar toda una vuelta
para encarar el muelle del otro lado, a favor de la corriente.
Le tiré una soga a Alex. El la agarró y aproximamos el barco
para poderlo subir a bordo.
El mismo día por la tarde hubo
otro inconveniente. Recorríamos los ríos y canales internos
para salir de Savannah y llegar a Jacksonville por las aguas
internas. Los canales de Georgia son poco profundos y los ríos
están llenos de bajos. En un momento estaba al timón Andrés
cuando se vió ante una decisión difícil pues el rio se abria
y no sabía que camino seguir. La demora hizo perder dirección
al barco y le dió el timón a Alex, para que lo enderezara. Las
boyas eran sumamente confusas y no había muchas indicaciones en
las cartas. Alex no sabía por donde rumbear y me llamó. Yo no
tuve la precaución de esperar cual era el barco para guiarnos
por la experiencia de un experto y encallamos por cuarta vez en
tres semanas. Echamos el ancla para esperar la marea alta, pero
después llegó un servicio ded remolque de BoatUs, entidad de
la que soy socio y nos sacó del bajo con un empujón. Después
leí en las crónicas de viaje de Georgia que ese lugar se llama
Hell Gates, las puertas del infierno, y que muchos quedan allí,
por lo que hay varios servicios de remolque para sacarlos de los
vados. Debo señalar aquí que nadie fué particularmente
culpable de la encallada, pues entre los tres no pudimos
encontrar la salida, por lo que como capitán debí tomar la
decisión, que fué equivocada.
A esta altura se hizo la noche y
los pilotos de BoatUs nos aconsejaron refugiarnos en el Redbird
Creek. Llegamos allí en plena oscuridad y solo con el radar.
Intentamos tirar el ancla tres veces, pero el arroyo era muy
estrecho y no permitia que el barco al dar vuelta sobre si
mismo, quedara en el medio del arroyo, ya que se acercaba
peligrosamente a la costa. Después de las tres intentonas,
decidimos que o el arroyo era muy estrecho o el barco muy
grande, pero que teníamos que buscar otro paradero. No había
ninguno según las cartas, pero encontré finalmente un pedazo
de agua de 10 pies de profundidad, lo suficiente grande para que
el barco pudiera rotar y echamos el ancla allí, luego de dos
horas de deambular a fuerza de radar, pues no había visión
alguna. El amarradero fué muy bueno y pudimos dormir en calma
hasta las 6 de la mañana. Yo había llegado a la conclusión de
que los canales de Georgia eran demasiado bajos para nuestro
barco, por lo que era difícil seguir por los canales hasta
Jacksonville, pero también nos dijeron los de BoatUs que el
tiempo estaba horrible en el mar, y que habían recibido varios
pedidos de salvataje, pero que no habían salido pues había
olas de 12 pies y que habían dejado la responsabilidad de los
rescates a los Coast Guards.
Para colmo, Svitlana y la grumete
se habian mareado mucho en las aguas del Cabo Fear y no quería
enfrentarlas a un nuevo mareo.
Por suerte, a las siete de la
mañana escuchamos los partes del tiempo y por milagro la
borrasca del dia anterior habia pasado.
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| 30 de Octubre.
Hoy fué un día excepcionalmente productivo, a diferencia del
día de ayer, donde tuvimos muchos contratiempos. Salimos a las
siete y media de la mañana y luego de 45 minutos de transitar
los caminos de acceso al mar, llegamos al Océano.
El capitán tomó la decisión de
salir al mar, sin hacer caso a las predicciones de BoatUS, tras
escuchar buenos partes meterológicos a las seis de la mañana y
recurriendo a sus métodos de observación directa, como el de
mojar su índice y comprobar de que lado sopla el viento. Ya son
las 6 de la tarde y llevamos 11 horas de navegación por el
oceano con olas muy moderadas de 2 a 3 pies, por lo que el
trayecto es muy placentero hasta este momento, por lo que
si sigue
el buen tiempo, viajaremos sin parar hasta Miami, día y noche
por 42 horas.
Pero: se puede llamar océano a una
llanura de agua planchada, con tímidos movimientos de ondas,
para romper la monotonía de la planicie. Sólo entre las 2 y
las 5 de la tarde se picó un poco, pero luego retomó la calma.
Son ahora las once de la noche y el barco se desplaza
cómodamente con rumbo a Cabo Cañaveral. La tripulación
expresa sus dudas acerca de la posibilidad de que el tiempo
empeore cuando se navega de noche, pero el capitán siempre
tiene una palabra de ánimo para evitar los temores de los menos
experimentados en la navegación marítima.
Estaba tan calmo el mar luego de
las 5 que una pareja de delfines nos siguió jugueteando con la
proa de Marinabella, saltando y cruzando antes de que ella los
embista. Se asemejaban a los perros de campo que azuzan al
primer auto que se acerca y se acercan a su camino pero con la
suficiente prudencia para no ser arrollados. Andrés aprovechó
la serenidad del mar para inclinar todo su cuerpo sobre la proa
y filmar la danza de los delfines. |
31 de Octubre. Día
de brujas. Esperamos que no paseen de noche por el mar en
nuestro último día de navegación. Recién ahora que nos
acercamos a destino, después de tres largas semanas de trabajo
a bordo, la tripulación demuestra su alegría y se disipan
todos los temores, como por ejemplo tratar de desembarcar en
Jacksonville y seguir vía áerea a Miami, que fué una de las
iniciativas que se lanzaron para evitar las inclemencias del mar
en el último tramo del viaje. El capitán no permitió la
deserción y dispuso que todos los que empezaron el viaje
debían terminarlo juntos.
Tuvimos una jornada magnífica, con
un mar calmo, que sólo se picó como de costumbre entre las 12
del día y las 5 de la tarde, pero sin ningún mareado,
excepto Andrés, como es habitual en él. Pero esta vez el
culpable del mareo fué una desconexión en la tubería de agua
de alta presión en un inodoro de mi baño. Cuando empezó a
salir agua a gran presión que en pocos segundos inundó
el baño, lo paré colocando el dedo en el agujero del
caño, llamando a gritos a Andrés, porque si soltaba el dedo en
unos minutos 450 litros de agua llenarian la cubierta de los
camarotes.Andrés tuvo que reconectar inclinado y entre
olas de agua dulce en el baño, que lo hicieron mojarse como no
lo había hecho con la peor marejada. Era una paradoja que lo
que no había conseguido la mar gruesa, hundir a Marinabella, lo
lograra un caño de un baño...Pero Andres demostró ser el
mejor plomero de abordo y fijó el desperfecto, aunque después
tuvo que guardar cama toda jornada. Otra
peripecia que merece ser comentada es la persecusión que nos
hizo un sheriff en lancha, amenazándonos con detenernos y
llevarnos al Juez por no haber respetado la velocidad mínima en
un canal poblado. Lo convenció ver que llevabamos la extraña
mezcla de la bandera argentina y la del imperio británico
(islas virgenes) y que desconocíamos la velocidad mínima. Nos
perdonó y nos deseó buen viaje, cuandosupo que seguíamos al
sur y que nunca más tendríamos la oportunidad de perturbar la
calma del pueblito con el motor de Marinabella. Son
las doce de la noche del día de Brujas y ninguna se nos cruzó
en el camino. Llegamos a la entrada al puerto y luego de 20
minutos de recorrido por los canales, donde la única intriga
fué si pasabamos un puente que lo hicimos con 3 pies de luz,
llegamos a nuestro canal, donde está la casa y el amarradero de
Marinabella. El canal es
estrecho y tiene la anchura de la eslora de Marinabella, más
unos cuatro o cinco pies, por lo que debimos hacer como seis o
siete maniobras para no destruir los muelles de los vecinos o
hacerle una cicatriz a Marinabella. Pero
finalmente llegamos a Miami, nuestro destino final, luego de 22
de navegación. Esta es la anteúltima actualización de
Marinabella.com aunque esta noche haré una última, que es la
que más teme la tripulación, pues es la de la evaluación de
la perfomance de cada uno en la travesía, excepto la del
capitán que tuvo un desempeño admirable (por ser el
responsable de llevar el libro de bitácora). Sin embargo, por
mis
profundos sentimientos democráticos le daré a mi
tripulación la oportunidad de expresar su evaluación del
capitán, sin censuras y en esta misma página. |
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