Marinabella

Desde Canada

Principal Arriba A Islas Virgenes y Cuba Desde Canada a Miami Mexico y Cuba A Cuba con los Garcia Viaje a Cuba con Jauregui A Bahamas A Cuba con Abel Bahamas 2005 Primer viaje a Europa Tercer Cruce Atlántico Viaje a Grecia 2007

5 de Octubre de 2000. Llegamos de noche con Andrés por auto a Port Stanley. El viaje desde Toronto duró unas dos horas, pues llovía. Aunque era de noche, no pudimos esperar al día siguiente y fuimos al puerto para ver si veíamos al barco, aunque no teníamos la más remota idea de su ubicación.

Sin embargo, al poco tiempo Andrés la distinguió entre todos los barcos, pues toda embanderada y reluciente nos esperaba como una novia con un tocado de azahares. Allí estaba MARINABELLA

Aunque la había conocido desde sus costillas de acero, esperaba ver como lucía terminada. Y allí nos aguardaba con una cadena de banderines que pendía desde popa a proa haciendo centro en su mástil. Manfred Kanter le había dado su maquillaje final y fué un amor a primera vista. Espero que resista al trato rudo de un largo matrimonio con el mar. Quedamos con Andrés   en volver al día siguiente para inspeccionar a la novia por adentro y conocer todos sus secretos.

Marinabella es la principal atracción de este pueblito de 2,200 habitantes donde no hay mucho que hacer y todos se acercan al muelle para contemplarla.

Cuando le comunicaba mi partida, una mujer me dijo. Qué lastima estábamos acostumbrados a venir al muelle para ver el barco!

 

6 de Octubre de 2000. Esta foto fué sacada desde el lado opuesto al canal donde está amarrada Marinabella. Andrés tuvo la idea de cruzar un  puente para ir al otro lado y tener una visión completa del barco.

 

Port Stanley es el puerto de Saint Thomas, una localidad agrícola que queda a unos 40 Kilómetros de London, la ciudad mayor de toda esta área de la Provincia de Ontario. 

Hoy hicimos todo un recorrido del barco con Andrés para hacer arreglar algunos detalles propios de toda terminación. El mayor problema es que no anda elwater maker, pues no hay aquí membranas, por lo que tendremos que instalarlo en New York. No nos precupamos mucho porque hay a bundancia de cerve za a bordo y hace mucho frío para bañarse.

 

 

6  de Octubre. Nos levantamos temprano para inspeccionar el barco. Manfred Kanter nos llevó hasta el muelle.

Tuvo que hacer venir a un experto en comunicaciones pues nadie puede operar el SSB.

7 de Octubre. Fuimos a London a comprar herramientas para el barco, ya que se olvidaron de enviarme las que tenía en Miami. Cuando se trata de comprar herramientas uno nunca sabe que es lo qued se puede descomponer. Pero generalmente ocurre que si uno necesita una llave del 10, ha comprado una del 12, si requiere una manguera de media pulgada ha comprado una de 3/4, por lo que el barco se termina arreglando con cable, cinta o algún viejo alambre.

 

8 de Octubre. Hoy partimos en auto hacia Toronto para buscar a Svitlana y Marina y a Patricia. Desde allí vendremos hacia Port Stanley, pasando por las cataratas del Niagara, ya que decidimos no hacer ese recorrido con Marinabella por razones de seguridad. 9 de octubre. Pasamos por Niagara Falls, que es solo un desvio de 50 Km., especialmente para verificar la división del rio Niagara y no equivocarme al luego al tomar el camino a los canales y no el del las cataratas. Además, al ver algún barco encallado en los rápidos que conducen a las cataratas, es un espectáculo ejemplificativo de un error que no hay que cometer. In por el brazo derecho (canal Erie) y no el izquierdo (cataratas). Lo repito otra vez para que se me fije: In por el brazo derecho (canal Erie) y no el izquierdo (cataratas).

Marina está encantada con el barco. No deja de cantar y recorrer los camarotes. Le dije que se llamaba Marinabella, pero solo le quedó la última parte y lo llama Bella.

10 de octubre. Ultima revisación del barco. Partimos al lago Erie, pero a los pocos minutos tuvimos que volver por que no arrancaban los estabilizadores que estaban em falso contacto. Se arreglaron y salimos.

Con Manfred Kanter antes de salir de Port Stanley

Bajando en una de las compuertas del Welland Canal

 

 

11 de Octubre. Navegamos toda la noche, entre las seis de la tarde y las seis de la mañana y con el uso de los estabilizadores se soportó muy bien un pequeño oleaje del barco con vientos de 20 millas por hora. Pusimos el piloto automático y me quedé de vigilancia en el puente, con el radar puesto, pero sólo pasó un barco y a una distancia muy lejana.

Llegamos al canal Welland que une el lago Erier con el lago Ontario a las seis de la mañana, aún de noche y entramos en el puerto. Todo el mundo estaba dormido y nos costó encontrar a alguien para que nos indicara la entrada a las compuertas. Finalmente lo hicimos y nos indicaron que siguieramos a otro barco, un Hatteras grande con el nombre de High Gravity.

Hay ocho compuertas en el canal Welland, todas menos una de 40 metros de diferencia. A nosotros nos tocó bajar, porque el lago Ontario está a un nivel inferior a 350 metros del lago Erie. Estabamos preocupados porque eran muy altas y las primeras y justamente Svitlana estaba atendiendo a Marina, pero los aspirantes a marineros Andrés y Patricia se comportaron muy bien en el manejo de las sogas para mantenerse unido a la pared en la bajada, sin que la corriente golpee el barco contra la pared. Andrés se reinvindicó un poco porque para asombro de los navegantes que lean esta página, se mareó en el lago Erie y se volvió a marear en el lago Ontario, por lo que se echó en su camarote y quedó fuera de combate durante las dos jornadas, pese a haber ingerido una fuerte dosis de Dramamine. En cambio, Patricia no necesitó tomar remedios pues soportó bien el corto oleaje del lago.

12 de Octubre. Luego de cruzar las compuertas del Canal Welland, llegamos a Puerto Weller sobre el canal Ontario y decidimos seguir navegando de noche para llegar a Oswego, en el territorio de los Estados Unidos por la mañana. El capitán del High Gravity no se animó a navegar de noche y se quedó en el muelle a esperar el dia siguiente.

Hicimos la jornada nocturna sin novedades, con una espléndida noche de luna llena, que hacía brillar las olas del lago, perobb con Andrés y Svitlana mareados.

Llegamos a Oswego, ya con luz y me fui a la marina donde tenia que bajar el mastil para recorrer el canal Erie, pues tiene puentes fijos más bajos que la altura normal de Marinabella. Alli hay un video teléfono de Migraciones, donde si todo está bien, lo dejan pasar. Seguramente me vieron cara de terrorista árabe pues estaba cansado de navegar un dia y una noche durmiendo a ratos y no me había afeitado. Lo cierto es que me dijeron que tenia que esperar que llegara un inspector de Syracuse, pues en Oswego no había oficina de Migraciones y que sólo llegaria a las 5 de la tarde y que no podíamos dejar el barco hasta que nos diera luz verde.  Eran las 9 de la mañana de manera que teniamos tiempo para bajar el mastil, cargar diesel para balancear el barco y ganar el sueño perdido en la travesía del Ontario. Perdimos así las horas que le habíamos ganado al High  Gravity que navegó de día y llegó a las 5 de la tarde por lo cual nos encontramos nuevamente con él.

Los oficiales de Migraciones y Aduana nos dieron el clearance para entrar a los Estados Unidos y navegar sus aguas por un año.

Bajando el mastil em Oswego

En los canales del Erie Canal, el grumete más chiquito disfruta del paisaje.

14 de octubre. Salimos de Oswego, con el mastil bajo, siguiendo al High Gravity, como nos habian indicado por el canal 13 de VHF. Pasamos así varias compuertas hasta llegar a un trecho, donde el High Gravity se nos adelantó mucho y el camino se bifurcaba sin indicaciones claras. Andrés, que estaba al comando, tomó el camino equivocado y encallamos con gran estruendo pues el fondo era de roca blanda. Tuvimos que esperar al dia siguiente para que viniera un equipo de buzos, pusieran una bolsas inflables debajo del barco, lo levantaran y lo sacaran de su encalladura. En realidad, la culpa fue del High Gravity, que se alejó sin dejarnos alcanzarlo sabiendo que no teníamos cartas de la zona en el GPS. Además cuando se enteró de la encalladura, siguió camino sin ofrecernos dar un tirón para salir. Si algún navegante encuentra a un Hatteras con el nombre de High Gravity, no lo consideren como un miembro honorable de la comunidad marítima.

 

Andres con cara de CULPA BLE al lado del barco de buzos que nos ayudó a salir

15 de octubre. El capitán no necesitó hacer uso de la ley de abordo y excluir a Andrés del comando del barco por haberlo encallado, porque éste estaba deprimido por su error y no quizo agarrar el timón. Sin embargo, demostró buen manejo de las sogas en las compuertas y eso lo animó a tomar nuevamente el timón en su turno, pero poniendo ahora todos los ojos en las boyas y bajando la velocidad en caso de duda. El capitán lo asistió durante una hora, para trasmitirle todas las indicaciones en base a su larga experiencia marítima, y cuando lo vió que había aprendido lo suficiente lo destinó nuevamente al timón en sus turnos acordados. Debe decirse aquí que desde entonces y por unos días se desempeñó magníficamente al comando, esquivando los troncos y evitando los bajos pedregosos.

Cruzamos así al comando de Andrés, ya restablecido de su estado depresivo, todo el lago Oneida donde no hay muchas señales y hay que estar atento para no perder el rumbo.

A las seis cierran los compuertas hasta el dia siguiente y ese día llegamos casi a las 6 en primera línea de turno frente a la compuerta 20. Desde esta compuerta se empíeza a bajar ya que las diez anteriores fueron para subir.

Saliendo de una compuerta

Svitlana resultó una marinera profesional en las compuertas

16 de Octubre. Hoy tuvimos un día excepcionalmente productivo. Hicimos 10 compuertas y varias decenas de millas de navegación sin contratiempos. Svitlana lleva un cuaderno con los errores del capitán y la tripulación para incorporarlo en el anecdotario de las macanas cometidas. Por ejemplo, debi esperar media hora en una compuerta porque por error señalé que iba al Oeste y me bajaron el nivel del agua, cuando en realidad iba al Este y debían subir el agua. El jefe de la compuerta debe haber pensado que estaba borracho por hacerlo subir y bajar el agua. Con estas pequeñas macanas pudimos cumplir la expectativa de hacer 10 compuertas y estamos ya amarrados en la pared de la compuerta 9 para hacer mañana las ultimas compuertas y llegar al Rio Hudson. El personal a bordo que tiene la tarea de manipular las sogas para sostener el barco cuando entra o sale agua de la compuerta, Svitlana y Andres cumplio sus tareas magníficamente, lo que nos permitió hacer 10 compuertas en un solo dia 17 de Octubre. Por ser hoy el día de la Lealtad, transmito mis saludos a todos los compañeros a los que llegue esta pagina. Hoy pasamos las ultimas compuertas, siendo que las últimas cinco están todas seguidas y son las más altas del mundo en un trecho tan breve. Cuando creíamos que habiamos terminado la tarea de las compuertas, nos enteramos que habia una más, el Federal Lock de Troy, que pasamos y llegamos finalmente al Hudson. Alli buscamos una marina donde nos suban el mástil. Encontramos una pero el de do-it-yourself, de manera que como era ya oscuro, dejamos para el día siguiente la tarea de manipular la pluma para levantar el mastil. Mañana les contamos como nos fue.
18 de Octubre. Nos levantamos a las 7 de la mañana y sin la ayuda de nadie de la marina pudimos levantar el mastil de Marinabella, con una vieja pluma operable manualmente. Casi dejo un dedo en el engranaje de la pluma, pero pude sacarlo a tiempo.

Bajamos el Hudson, con el proyecto de hacer 11 horas de navegación y llegar a New York de día.  En un momento se me ocurrio ir abajo a hacer unos huevos fritos para Andres, a quien le di el comando. En esos cinco minutos se equivocó el camino y se fué hacia los bajos y encallamos a eso de las 10 de la mañana. Por suerte el fondo era de barro pero tuvimos que esperar hasta las cuatro donde crecía la marea para que el barco volviera a flotar.

Decidimos seguir rumbo abajo del rio Hudson, por más de 100 millas. Llamamos a New York avisando que por un contratiempo  íbamos a llegar de noche a la Marina que nos había reservado mi primo Tommy, pero me dijeron que estaba muy llena y que no podíamos llegar de noche.  Emprendimos entre las 8 y las 6 el viaje hacia New York y cuando se hizo la noche, resolvimos seguir navegando con el radar, por unas horas hasta encontrar una marina donde pasar la noche. Fue bastante duro porque habia que encontrar el camino de las boyas para evitar nuevos bajos como el que habíamos encallado y evitar a las barcazas que navegaban a todo tren río arriba. A eso de las 12 de la noche después de la tensión del encallamiento y del cansancio de seguir el radar, estábamos con  un 50 % de nuestra capacidad. En ese momento se me apareció de frente una boya roja y aunque giré violentamente no pude evitar tocarla de costado. El barco sufrió un pequeño rayón en un costado, pero hay una boya menos en el Rio Hudson. A esta altura de nuestro cansancio, las montañas de los costados se nos aparecían entre las sombras de la noche como gigantescos adversarios. Sin duda de día era una un magnífico espectáculo, pero de noche sólo eran sombras amenazantes. Me recordaba al film de Blancanieves, cuando la niña se asusta de las sombras de la noche, pero al despertar ve que solo son arboles, arbustos y animales del bosque. Nuestras sombras y nuestras amenazas de colisionar con las boyas, amén de nuestro cansancio nos determinaron a anclar por la noche  hasta que se hiciera la luz. Busqué una profundidad de 10 pies y echamos unos 20 metros de cadena para que no se desplazara con la corriente del río. Así pasamos la noche entre algunas escapadas al GPS para controlar latitud y longitud y verificar que el buque no se moviera. Nos habíamos quedado sin generador, porque se terminó su gas oil y se llenó de aire, por lo que tuvimos que dormir con media vigilancia y muertos de frío. Son las delicias de la navegación.

 

Andres en proa, en las aguas tranquilas de la Florida, a 40 millas de la costa

21 de Octubre.   Salimos a las 7 de la mañana de Corth Cove Marina, en Battery Park, con la vista de de estatua de la Libertad a poco de salir. Todavía hay una media penumbra, por lo que las fotos de la salida salen algo borrosas.

Bordeamos la costa de New Jersey, porque las reglas de New York no permiten salir por la misma ruta que los grandes barcos. A poco de la salida se pone el mar más agitado, con olas de 5 a 7 pies y un viento de 28 nudos.

Todos los tripulantes están mareados, incluyendo a Marina y a Alex, que a pesar de ser mi marinero es el primero que se marea. Quise darle una pastilla de Dramamine, pero se negó diciendo que tenía que acostumbrarse si quería seguir como marinero. Resultado, toda la tarde vomitando y totalmente inutilizado para el trabajo. Juré desde entonces que no partiríamos de cada parada sin que todos tomaran su pastilla. Hasta la pobrecita de Marina se mareó y no quizo comer.

En esta emergencia, el capitán, con su conocida experiencia, tuvo que asumir el timón por toda la jornada hasta llegar a Atlantic City, donde resolvimos hacere noche. Previa cargada de diesel en los tanques de babor para equilibrar el barco que estaba un poco inclinado hacia estribor, paramos en en el Trump Marina Hotel and Casino, que es una marina que construyó Trump. Por suerte es muy amplia, pues si no me hubiera encontrado en figurillas con el bow thruster sin operar. Pasamos alli la noche sin ir al casino. Las chicas aprovecharon para bañarse en el baños de la marinas, aunque yo sigo con mi record de varios días de navegación sin bañarse. Viva la mugre!

Durante este trayecto hicimos unas 80 millas de navegación, tramo corto de acuerdo a nuestra agenda pero no habia otras marinas un poco más lejos y el estado de la tripulación era lamentable.

El capitán se queda dormido sobre sus cartas marinas, después de una larga jornada

22 de Octubre. Salimos de Atlantic City sin contratiempos pese a la ausencia de mi bow thruster. Hicimos unas 30 millas hasta entrar a un canal en el Cape May que tiene unas 15 millas de largo y se comunica con la Bahia de Delaware. En estas 30 millas el mar estuvo muy picado, tanto que el autopilot no respondía y hubo que operar el barco a timón. Alex - a quien habia suminstrado una ración doble de Dramamine ni bien se despertó- recuperó su crédito timoneando el barco muy bien con una rápida respuesta a los empujones de las olas. Agarramos una rogue wave, que esd una ola aislada que viene de muy lejos y no sigue el patrón de las demás, que nos hizo abrir las gavetas de platos y vasos, cayendo muchos al piso haciéndose añicos.

Luego de recorrer este canal, entramos a la Bahia de Delaware, donde las agujas son más calmas. Pasaron numerosos barcos con contenedores, rumbo a Filadelfia que al cruzarse a nuestro lado nos hacían ver la pequeñez de Marinabella.

Seguimos así por 10 horas hasta que llegamos a un canal que une las Bahias de Delaware con la de Cheseapeake, también de aguas calmas. Cruzamos el canal que tiene unas 20 millas y a la hora de entrar en la Bahia de Cheseapeake, buscamos un sitio para anclar. Encontramos uno con 11 pies ded agua, anclamos y allí pasamos la noche.

23 de Octubre. Me levanté a las 6 de la mañana para actualizar el libro de bitácora y a las 7 emprendimos el curso de la Bahia de Cheseapeake, previo suministro de la diaria pastilla de Dramamine a mis tripulantes, con la sola excepción de Patricia, la única que no se maeró en ningún trayecto del viaje.

Este día hicimos una jornada excepcional, pues las aguas de la bahia estaban planchadas y pudimos avanzar a una velocidad de entre 10 y 11 nudos desde las siete de la mañana hasta las 2 de la mañana cuando arribamos a Norfolk. El único problema lo tuvimos a la entrada de Norfolk, donde nos precedía una barcaza que arrastraba a algo enorme, que no veía muy bien por la oscuridad. Cuando quisimos pasarlo, empezo a acelerar para no dejarnos y cuando bajábamos la velocidad para dejarlo pasar, también lo hacía, manteniéndose a la misma distancia. Nos tuvo jugando una hora hasta que llevé a Marinabella a una velocidad de 3 nudos, donde no tuvo máas remedio que alejarse. Otro cabrón del mar, como High Gravity, pero no pude tomar nota de su nombre para denigrarlo ante los navegantes que puedan leer esta página.

A las dos de la mañana decidí anclar en la bahia de Norfolk a unos 200 metros de un submarino hundido. Allí es la base de mar más importante de USA, pero que yo sepa no hubo ataque japonés a Norfolk, por lo que el submarino debe haber sido hundido por un capitán más inexperto que el capitán de Marinabella.

24 de octubre. Hoy hicimos pocas millas, porque hubo demoras en una compuerta, que era pequeña para los niveles de las compuertas de Canadá, pero aquí no están acostumbrados a operarlas. A pesar de todo, desde la salida de Norfolk hicimos unas 80 millas, hasta anclar en un bajo cercano a un puente. Tuvimos que tocar bocina para que nos abrieran el puente, pues los operadores no daban señales de vida. El capitán aprovechó para trazar una nueva ruta más precisa, teniendo en cuenta los bajos y los puentes, utilizando con gran habilidad el GPS. Svitlana descubrió que estaba invertido el orden de uso de los tanques de combustible, por lo cual el barco estaba desbalanceado, con lo cual se ganó una felicitación colectiva de la tripulación. También demostró gran alcance visual para distinguir las boyas a la distancia. En cambio, Andrés requiere anteojos pues no distingue las boyas a la distancia. Al respecto, Svitlana debutó con sus versos en español escribiendo una oda a las boyas que dice así:

Oh, Boyas, boyas,/ que maravilla, que pasión/ las boyas verdes, rojas/ que colores/ Gustavo y Andrés/proyectos a aspirantes/uno no las ve y el otro las lleva por delante.

También escribió una oda al encallamiento que dice así:

Los marinos pelotudos/un día salieron pasear/en un bote tan grandote/que no supieron manejar/lo golpearon, lo encallaron en un pueblito Phoenix.

26 de Octubre. Salimos de Jarret Bay Marina, un lugar que recomendamos a todos los navegantes y recorrimos unas 10 millas por los canales de acceso al puerto hasta llegar al Océano. Nuestro propósito original era entrar en Masonboro Inlet, para recorrer por los canales unas 60 millas, para poder sortear así las aguas del Cape Fear, que por algo tiene ese nombre y si Uds. vieron la película de Robert de Niro, llamada Cape Fear recordarán los vientos con fuerza de gale que azotan la zona. El mar estaba muy revuelto con olas de 8 a 10 pies que superaban la altura del barco. Debido al oleaje cambié la fuerza con que el autopilot encara lascorrfentes dándole más potencia al rudder. Con este cambio, el autopilot soportó bien el embate de alaqs olas y pudo encarar el rumbo, con grandes correcciones que hacía  para reubicarse luego de las barrenadas que recorría el barco al bajar las cumbres de las olas y de las detenciones que soportaba al enfrentarse con una nueva pared de agua. Como el barco soportaba bien el clima tormentoso al capitán se le ocurrió sortear directamente las aguas de Cape Fear, sin entrar a Masonboro y enfilar directamente a Jacksonville, lo que suponía 40 horas sobre el mar agitado. Debo decir que la tripulación estaba ya agrandad, había tomado sus dosis de Dramamine y aceptó la propuesta del capitán. Sin embargo, sufrimos la defección de nuestro grumete, la señorita Marina que no quizo tomar la pastilla y se descompuso mucho, vomitando varias veces y negándose a probar bocado ni tomar su mamadera. Resolvimos entonces volver al plan original, entrar a Masonboro y dejar el Cabo Fear para navegantes más osados, que no los hubo porque el cuerpo de Coast Guard emitió un warning que recomendaba a las pequeñas embarcaciones no entrar al mar en tres días. Nuestro cambio de planes nos hizo incurrir en un desvio de 30 millas y nuestro derrotero se convirtió en un zigzag, pero estuvimos más tranquilos cuando dejamos las aguas agitadas del Cape Fear (Cabo Miedo) y nuestro pequeño grumete se recompuso rápidamente.

Entramos a Masonboro y recorrimos unas veinte millas por adentro de sus canales. Cuando vimos las magníficas casas de esta área de North Carolina nos congratulamos por haber entrado para conocerf una área que difícilmente veríamos en otras ocasiones. Todas las casas con sus muelles y sus pequeñas embarcaciones, pues el bajo calado de la zona no permite barcos de mayor porte.

Por el desvío se hizo noche pronto y no queríamos incurrir en una nueva encalladura por lo que Andres, Alex y el capitán se ubicaron en el puente con prismáticos y night vision para elegir el mejor rumbo. Aún así la noche erfa muy cerrada, por lo que resolvimos amarrarnos a la primera marina, a eso de las ocho de la noche.

25 de octubre. Hoy fué un día soleado, de calor excepcional que nos impulsó a ocupar la cubierta superior para aprovechar la jornada primaveral. Sin embargo, fué también el día negro del capitán, pues con el resplandor del sol se alejó un poco del camino planificado y encallamos por tercera vez cerca de una boya y en una bahia totalmente desolada, donde estábamos fuera del acceso al canal 16. La tripulación aprovechó para haver mofa del capitán, muy aflijido por su primer error después de tantos días de navegación.

A Alex se le ocurrió volver a aproximarnos a la boya tratando de usar el malacate del barco. Así se tiró nadando con una larga soga que amarró a la  boya. Desde el malacate del barco fuimos tirando y pudimos acercarnos centímetro a centimetro aprovechando para tirar cuando venía cada impulso de la corriente. Al cabo de media hora nos liberamos del fango y recuperamos la flotación. Grandes exclamaciones de júbilo y nuestras felicitaciones a Alex, que fué el heroe de la jornada.

Desde entonces, Svitlana le adhirió al capitán con cinta adhesiva una cucharita roja en su muñeca izquierda y una cucharita verde en eu derecha, para no confundir el sentido de las boyas.

Nuestro pequeño atraso nos hizo llegar de noche a las puertas de Beufort, donde vimos una marina llamada Jarret Bay Marina, donde pudimos atracar para pasar la noche. La marina es pequeña pero muy confortable y muy bien atendida por su gente. Cargamos combustible para balancear el barco y prepararlo para el acceso al océano. Nos prestaron sin cargo un automóvil de cortesía para poder ir al pueblo y equiparnos de leche y pañales, que faltaban. Sin em bargo, compramos de todo y estábamos equipados como para una travesía del Atlántico.

Marina mareada en el Cabo Miedo (Cape Fear)

 

Mar calmándose al salir de Cabo Miedo

27 de Octubre. Salimos de la marina a las 8 de la mañana. Un poco tarde de acuerdo a nuestras costumbres madrugadoras, pero debíamos pagar la marina y sólo abría a las 8. Nuestros planes del día eran llegar hasta Georgetown o mejor Charleston en South Carolina, y luego tomar el mar. Avanzamos solamente hasta un punto entre Georgetown y Charleston en el Intracostal Canal. Anclamos en el Little Creek, que da al Intracostal Canal, donde según las informaciones de la zona no hay que bañarse porque abundan los cocodrilos. Nosotros contribuimos a acrecentar los hábitos carnívoros de los cocodrilos tirándoles una carne que había cocinado la tripulación femenina que resultó durísima para nosotros aunque espero que no tanto para los cocodrilos.

No tuvimos mayores contratiempos en la jornada, excepto al tratar de pasar a una inmensa barcaza cuyo motor provocaba una intensa succión en el agua, que nos absorvió cuando nos acercábamos, por lo que tuvimos que cambiar el ritmo bruscamente para evitar ser succionados por las hélices de la barcaza. El piloto de la barcaza se dió cuenta del efecto que producía, por lo que bajó su marcha y nos permitió pasar.

Pasamos por unos canales llenos de casas con largos muelles a sus riberas. Ocurre que el nivel del agua junto a  la costas es muy bajo y para poder acceder con embarcaciones hay que construir largos muelles.Al pasar de North Carolina a South Carolina, como hicimos en la jornada, se advierte el cambio de estilo de construcción, que refleja la conocida perspectiva de la edificación sureña. Casas con columnas en el acceso, dos o tres pisos, ventanas grandes y oblongas.

A las 10 de la noche llegó a nuestro ancladero junto a los cocodrilos la vieja barcaza que nos había permitido pasar. La barcaza volvió a salir a las 5 de la mañana de modo que no corríamos riesgo de tropezar con ella otra vez y que nos succionara con sus potentes motores.

 

 

Andres contemplando la costa de South Carolina. El estilo de las clásicas mansiones sureñas.

Otra casa de South Carolina

28 de Octubre. Llegamos a Charleston a las 3 de la tarde. Amarramos en una marina ubicada al lado de la Marina Municipal. Se llama Ashley Marina, pues está ubicada sobre el Rio Ashley. Está bien dotada, con un servicio de van que llevan a los tripulantes al centro de Charleston. Charleston es una tradicional ciudad de South Carolina, con algunas viejas mansiones con largas columnas al frente que recuerdan las de Lo que el  viento se llevó. Charleston fué un batión sureño durante la guerra de secesión, pues el tipo de cultivos masivos que se hacían allí, básicamente el tabaco, la convertían en el modelo ideal de una sociedad esclavista. Paternalismo familiar, largas haciendas, comunidades de esclavos que nacían y morían en la plantación y el deseo de querer generar un seudo señorío feudal llevó a los más caracterizados terratenientes, que eran también los dueños de la estructura política a alinearse con los confederados  de Virginia y Luisiana, a los que luego se agregaron los otros estados secesionistas.

Paseamos por el straw market, donde aprovechamos para comprar camisetas y otras pamplinas, además de ingredientes de cocina  Cajun, entre ellos uno denominado Muerte Súbita, que lo venden previa firma de un acta de eximición de responsabilidad civil, pues dicen que una gota equivale a cien dosis de jalapeño. Veremos si es tan fuerte como dicen.

La llegada a la Marina para amarrar fué todo un problema pues hay una fuerte corriente y poco espacio. Las dificultades nos dejaron un poco preocupados por la salida, para que la correntada no nos llevara contra otro barco.

Marina y Svitlana, recuperándose del mareo en las aguas del Oceano, con olas de 12 pies.

Las agitadas aguas del Oceano frente a Georgia

29 de Octubre. Hoy fué un pésimo día. Empezamos por salir a las 6 de la mañana, para aprovechar que era una hora en que el río Asheley estaba estático y no había  corriente ni viento. Alex desamarró y quizo ayudarme a partir tratando de empujar el barco, lo que es muy difícil pues pesa más de 40 toneladas. A pesar de ello, logró hacerlo y cuando se disponía a saltar al barco, yo pensé que ya lo había hecho y le pegué una acelerada al motor, por lo que en lugar de alcanzar el barco cayó al agua completamente vestido. Me pegó un grito y lo ví nadando en el río y tratando de subir al muelle. Tuve que dar toda una vuelta para encarar el muelle del otro lado, a favor de la corriente. Le tiré una soga a Alex. El la agarró y aproximamos el barco para poderlo subir a  bordo.

El mismo día por la tarde hubo otro inconveniente. Recorríamos los ríos y canales internos para salir de Savannah y llegar a Jacksonville por las aguas internas. Los canales de Georgia son poco profundos y los ríos están llenos de bajos. En un momento estaba al timón Andrés cuando se vió ante una decisión difícil pues el rio se abria y no sabía que camino seguir. La demora hizo perder dirección al barco y le dió el timón a Alex, para que lo enderezara. Las boyas eran sumamente confusas y no había muchas indicaciones en las cartas. Alex no sabía por donde rumbear y me llamó. Yo no tuve la precaución de esperar cual era el barco para guiarnos por la experiencia de un experto y encallamos por cuarta vez en tres semanas. Echamos el ancla para esperar la marea alta, pero después llegó un servicio ded remolque de BoatUs, entidad de la que soy socio y nos sacó del bajo con un empujón. Después leí en las crónicas de viaje de Georgia que ese lugar se llama Hell Gates, las puertas del infierno, y que muchos quedan allí, por lo que hay varios servicios de remolque para sacarlos de los vados. Debo señalar aquí que nadie fué particularmente culpable de la encallada, pues entre los tres no pudimos encontrar la salida, por lo que como capitán debí tomar la decisión, que fué equivocada.

A esta altura se hizo la noche y los pilotos de BoatUs nos aconsejaron refugiarnos en el Redbird Creek. Llegamos allí en plena oscuridad y solo con el radar. Intentamos tirar el ancla tres veces, pero el arroyo era muy estrecho y no permitia que el barco al dar vuelta sobre si mismo, quedara en el medio del arroyo, ya que se acercaba peligrosamente a la costa. Después de las tres intentonas, decidimos que o el arroyo era muy estrecho o el barco muy grande, pero que teníamos que buscar otro paradero. No había ninguno según las cartas, pero encontré finalmente un pedazo de agua de 10 pies de profundidad, lo suficiente grande para que el barco pudiera rotar y echamos el ancla allí, luego de dos horas de deambular a fuerza de radar, pues no había visión alguna. El amarradero fué muy bueno y pudimos dormir en calma hasta las 6 de la mañana. Yo había llegado a la conclusión de que los canales de Georgia eran demasiado bajos para nuestro barco, por lo que era difícil seguir por los canales hasta Jacksonville, pero también nos dijeron los de BoatUs que el tiempo estaba horrible en el mar, y que habían recibido varios pedidos de salvataje, pero que no habían salido pues había olas de 12 pies y que habían dejado la responsabilidad de los rescates a los Coast Guards.

Para colmo, Svitlana y la grumete se habian mareado mucho en las aguas del Cabo Fear y no quería enfrentarlas a un nuevo mareo.

Por suerte, a las siete de la mañana escuchamos los partes del tiempo y por milagro la borrasca del dia anterior habia pasado.

30 de Octubre. Hoy fué un día excepcionalmente productivo, a diferencia del día de ayer, donde tuvimos muchos contratiempos. Salimos a las siete y media de la mañana y luego de 45 minutos de transitar los caminos de acceso al mar, llegamos al Océano. 

El capitán tomó la decisión de salir al mar, sin hacer caso a las predicciones de BoatUS, tras escuchar buenos partes meterológicos a las seis de la mañana y recurriendo a sus métodos de observación directa, como el de mojar su índice y comprobar de que lado sopla el viento. Ya son las 6 de la tarde y llevamos 11 horas de navegación por el oceano con olas muy moderadas de 2 a 3 pies, por lo que el trayecto es muy placentero hasta este momento, por lo que si  sigue el buen tiempo, viajaremos sin parar hasta Miami, día y noche por 42 horas.

Pero: se puede llamar océano a una llanura de agua planchada, con tímidos movimientos de ondas, para romper la monotonía de la planicie. Sólo entre las 2 y las 5 de la tarde se picó un poco, pero luego retomó la calma. Son ahora las once de la noche y el barco se desplaza cómodamente con rumbo a Cabo Cañaveral. La tripulación  expresa sus dudas acerca de la posibilidad de que el tiempo empeore cuando se navega de noche, pero el capitán siempre tiene una palabra de ánimo para evitar los temores de los menos experimentados en la navegación marítima.

Estaba tan calmo el mar luego de las 5 que una pareja de delfines nos siguió jugueteando con la proa de Marinabella, saltando y cruzando antes de que ella los embista. Se asemejaban a los perros de campo que azuzan al primer auto que se acerca y se acercan a su camino pero con la suficiente prudencia para no ser arrollados. Andrés aprovechó la serenidad del mar para inclinar todo su cuerpo sobre la proa y filmar la danza de los delfines.

31 de Octubre. Día de brujas. Esperamos que no paseen de noche por el mar en nuestro último día de navegación. Recién ahora que nos acercamos a destino, después de tres largas semanas de trabajo a bordo, la tripulación demuestra su alegría y se disipan todos los temores, como por ejemplo tratar de desembarcar en Jacksonville y seguir vía áerea a Miami, que fué una de las iniciativas que se lanzaron para evitar las inclemencias del mar en el último tramo del viaje. El capitán no permitió la deserción y dispuso que todos los que empezaron el viaje debían terminarlo juntos.

Tuvimos una jornada magnífica, con un mar calmo, que sólo se picó como de costumbre entre las 12 del día y las 5 de la tarde, pero sin ningún  mareado, excepto Andrés, como es habitual en él. Pero esta vez el culpable del mareo fué una desconexión en la tubería de agua de alta presión en un inodoro de mi baño. Cuando empezó a salir agua a gran presión que en pocos segundos inundó el  baño, lo paré colocando el dedo en el agujero del caño, llamando a gritos a Andrés, porque si soltaba el dedo en unos minutos 450 litros de agua llenarian la cubierta de los camarotes.Andrés  tuvo que reconectar inclinado y entre olas de agua dulce en el baño, que lo hicieron mojarse como no lo había hecho con la peor marejada. Era una paradoja que lo que no había conseguido la mar gruesa, hundir a Marinabella, lo lograra un caño de un baño...Pero Andres demostró ser el mejor plomero de abordo y fijó el desperfecto, aunque después tuvo que guardar cama toda jornada.

Otra peripecia que merece ser comentada es la persecusión que nos hizo un sheriff en lancha, amenazándonos con detenernos y llevarnos al Juez por no haber respetado la velocidad mínima en un canal poblado. Lo convenció ver que llevabamos la extraña mezcla de la bandera argentina y la del imperio británico (islas virgenes) y que desconocíamos la velocidad mínima. Nos perdonó y nos deseó buen viaje, cuandosupo que seguíamos al sur y que nunca más tendríamos la oportunidad de perturbar la calma del pueblito con el motor de Marinabella.

Son las doce de la noche del día de Brujas y ninguna se nos cruzó en el camino. Llegamos a la entrada al puerto y luego de 20 minutos de recorrido por los canales, donde la única intriga fué si pasabamos un puente que lo hicimos con 3 pies de luz, llegamos a nuestro canal, donde está la casa y el amarradero de Marinabella.

El canal es estrecho y tiene la anchura de la eslora de Marinabella, más unos cuatro o cinco pies, por lo que debimos hacer como seis o siete maniobras para no destruir los muelles de los vecinos o hacerle una cicatriz a Marinabella.

Pero finalmente llegamos a Miami, nuestro destino final, luego de 22 de navegación. Esta es la anteúltima actualización de Marinabella.com aunque esta noche haré una última, que es la que más teme la tripulación, pues es la de la evaluación de la perfomance de cada uno en la travesía, excepto la del capitán que tuvo un desempeño admirable (por ser el responsable de llevar el libro de bitácora). Sin embargo, por mis profundos sentimientos democráticos  le daré a mi tripulación la oportunidad de expresar su evaluación del capitán, sin censuras y en esta misma página.